sábado, 15 de marzo de 2014

La profecía del 15 de marzo...

"Muerte de Julio César" de Vincenzo Camuccini (1798).
“Teme a los idus de marzo…”, pone William Shakespeare en boca del sacerdote agorero que intenta prevenir a Cayo Julio César del peligro que lo acechaba.
Para los romanos, los “idus” eran los días 13 de cada mes, excepto para marzo, mayo, julio y octubre que eran los días 15. Y quizás el idus más conocido sea el del mes dedicado al dios Marte (patrono de la guerra) que era el de marzo (Martius). Comúnmente, los idus eran vividos como jornadas de buenas noticias. Tal vez por eso, los idus de marzo del año 44 antes de Cristo quedaron signados por el horror, pues durante la mañana de ese día se produjo en Roma un magnicidio.
Según cuenta Plutarco, el César fue advertido por algunas personas, pero él desoyó las recomendaciones. Relatan las fuentes (históricas y literarias) que cuando el emperador iba camino a la reunión con los senadores, se cruzó con el sacerdote que le había advertido días antes sobre el futuro sombrío que avizoraba para él, y que Julio César lo increpó: “Los idus de marzo ya han llegado, y sigo vivo”. A lo que el adivino le respondió: “Es verdad, ya han llegado; pero aún no han terminado”.
En las escalinatas de la Curia fue interceptado por otra persona que le entregó un pergamino que, cuentan, contenía el listado de complotados… Julio César lo tomó en sus manos, e hizo oídos sordos al ruego del hombre que le advertía que lo leyera antes de que ingresara. Probablemente, toda esta situación se había visto fogoneada por el hecho de que el emperador había disuelto su guardia mientras permaneciera en Roma, pues no veía conveniente que los ciudadanos lo viesen caminar por la ciudad custodiado de su propia gente.
Una vez dentro de la Curia, durante la reunión, Tilio Cimber se acercó lo suficiente al César y lo tomó con fuerza de la toga. El emperador, sorprendido, le gritó: “¡¿Qué violencia es esta?!” (“¿Ista quidem vis est?”). Acto seguido, la mano de Casca, que empuñaba una daga, cayó sobre César, quien sintió el frío metal sobre el cuello. El senador atacante gritó a sus compañeros para que lo ayudaran, mientras César intentaba mantenerse en pie, entre el dolor y la sorpresa. Casi inmediatamente, 60 senadores se abalanzaron sobre el emperador, quien intentaba luchar cada vez más infructuosamente, por razones obvias. El cuerpo del César recibió 23 puñaladas. Suetonio cuenta que, ya en el piso, alcanzó a ver a Bruto (hijo de su amante y a quien quería como si fuera su progenitor), y le balbuceó: “¿Tu también, Bruto, hijo mío?” (“¿Tu quoque, Brute, filii mi?”). Sin embargo, suena más racional y humano que el emperador no haya podido decir palabra (como sostiene Plutarco), y eso no sea más que parte de la ingeniería que luego de la muerte de un líder se pone en marcha para erigirlo en héroe. Nos sobran ejemplos de estadistas de todas las latitudes a los que, a la hora de morir, se les han ocurrido frases elocuentes, con tanta suerte como para que haya testigos que las anoten.
La crónica de aquellos idus de marzo de hace 2058 años señalan que, casi inmediatamente luego del “cesaricidio”, los asesinos huyeron del recinto para anunciar por las calles que el emperador había muerto (y para sortear cualquier represalia, claro está), dejando el cuerpo de uno de los hombres más poderosos de la Antigüedad, ultrajado y en la más absoluta soledad, hundido en su propia sangre.
Mucho mito, algo de realidad, y las premoniciones desoídas sobre los idus de marzo, que han llegado hasta nuestros días con el fin de advertirnos (de manera casi críptica) sobre aquellos que nos rodean… Aunque no se trata de temer, sino de estar atentos.

jueves, 30 de enero de 2014

Feliz año nuevo... chino

Barrio Chino en Buenos Aires en pleno festejo del cambio de año
Esta noche comienza el año 4712, y millones de personas celebrarán… A diferencia de la sociedad occidental, que utiliza como medición del tiempo el calendario gregoriano, la comunidad oriental (china principalmente) se rige por el calendario lunar. Eso hace que no tengan un comienzo de año fijo, sino que varíe entre finales de enero y mediados de febrero. Este 2014 (occidental) el año comienza el 31 de enero. La celebración se conoce también como “Fiesta de la Primavera”, pues sostienen que es ahora cuando el invierno comienza a ceder, y la naturaleza a renacer.
Probablemente, muchos lo sepan por ser seguidores del horóscopo chino, pero bien vale recordarlo… esta noche, pues, se despide el año de la serpiente y da inicio el del caballo.
¿Y de dónde proviene la costumbre de nombrar a los años con animales? Se trata de una leyenda mítica, que -como en todas las culturas- tiene sus variaciones. Algunas historias relatan que fue Buda y otras el Emperador de Jade (que gobierna el cielo) quien organizó una carrera entre los animales para homenajearlos en los segmentos del zodiaco que duran un año, a diferencia del occidental, que duran un mes.
La competencia se llevó a cabo a través del monte y el lago, como para que ninguno de los corredores tuviera alguna ventaja extra. Cuenta la leyenda que llegados a la orilla del lago, la rata pidió ayuda al buey para que la cruce, y éste -por ser un animal bueno y trabajador- se la concedió, cargándola en su lomo. Casi con el recorrido terminado, la rata saltó a tierra para aventajarlo y fue la primera en llegar, y el buey el segundo. Luego arribaron el  tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el cerdo. El Emperador, entonces, fue concediendo a cada animal, según el orden de llegada, un segmento del zodiaco, y les otorgó el don de que rigieran sobre los humanos nacidos en sus respectivos periodos según su forma de ser.
Algunas curiosidades cuentan que no hay gato en la lista por culpa de la rata. Según la leyenda, estos dos animales eran muy amigos, pero la rata también es muy ambiciosa, y como veía en el felino un buen competidor, le dijo que la carrera se llevaría a cabo un día después de la jornada indicada. Desde ese momento, ambos seres están enemistados a muerte… Claro que al gato, por otra parte, le esperaba un mejor trato en la mitología egipcia.
El último puesto fue del cerdo, y esto se debió a que, según el mito, a poco de comenzar la carrera el chancho se cansó y se puso a comer para reponer fuerzas, lo que hizo que perdiera más tiempo que el resto, que también tuvo sus complicaciones durante la competencia.
Una contradicción de este cuento es que ubica el hecho tan lejano en el tiempo, que los chinos aún no habían inventado un medio para medirlo, pero también sitúa la competencia como uno de los festejos del cumpleaños del Emperador de Jade… Seguramente son cosas de dioses que escapan al conocimiento de un simple humano que ni siquiera es oriental.



viernes, 10 de enero de 2014

Edén Hotel: nazis, política y... ¿fantasmas?

Vista del frente del edificio original, donde se puede apreciar la simetría de la construcción.
Bien describió María Elena Walsh a la Argentina como “el país del No Me Acuerdo”, pues si uno recorre sus rincones, se topa con historias y lugares que yacen olvidados a pesar de haber vivido  en sus momentos de gloria, mano a mano, con hechos que -en ocasiones- ocupan las páginas más destacadas de la humanidad.
Tal es el caso de la ciudad de La Falda, en la provincia de Córdoba, que nació oficialmente en la tercera década del siglo XX, pero que sus orígenes se remontan en realidad a un emprendimiento extranjero que se iniciara hacia 1897… el Edén Hotel.
Fue hacia finales del decenio de 1890 que tres emprendedores alemanes compraron 900 hectáreas en la provincia mediterránea para comenzar la construcción de un hotel que captara lo más selecto del turismo nacional. Si bien la Argentina vivía una crisis política y económica de grandes proporciones, las familias acomodadas continuaban con su estándar casi impoluto, lo cual era foco de atracción para quienes quisieran hacer negocios.
Sobre este pedestal se encontraba el águila que "protegía" al edificio.
Hacia 1897, Roberto Bahlcke, Juan Kurth y María Herbert de Kreautner compran la estancia “La Falda de la Higuera”. Movidos por las características curativas para las enfermedades pulmonares que se le atribuía al clima serrano, no dudaron en promocionar el lugar como “el rincón más sano y delicioso de la Argentina para toda época del año”. Algunos periódicos hablaban del Edén en consonancia con el Hotel Bristol de Mar del Plata, que por aquellos tiempos era el centro de veraneo de las familias aristocráticas del país.
El edificio fue construido con marcado simbolismo relacionado con la mitología germana, y guardando una perfecta simetría. Estaba coronado por un águila con las alas desplegadas bajo la cual había dos herraduras y una leyenda en latín. Este ornamento no logró sobrevivir hasta nuestros días. El establecimiento contaba con cámara frigorífica, fábrica de helados y hielo, quintas frutales, matadero, tambos y ahumadero de fiambres, lo cual constituía un muy importante guiño a la aristocracia nacional tan adicta al autoabastecimiento para asegurarse la excelente calidad de los productos que consumían. También poseía usina de generación eléctrica propia… los dueños no escatimaron en gastos ni dejaron librado nada al azar, pensando en las pingües ganancias que obtendrían.
Además, Edén Hotel ofrecía todas las atracciones dignas de un edificio con servicios de categoría. Cuentan que la inversión inicial para la construcción fue de 600.000 pesos, y contó con la financiación de la Banca Tornquist.
Detalle del águila que ya no puede coronando el edificio pero que sí podemos apreciar en los membretes. La frase en latín reza "bajo la sombra de tus alas, protégenos" ("sub umbra alarum tuarum protege nos").
A pesar del esfuerzo, los resultados no fueron los esperados, o al menos, los necesarios para hacer del hotel un negocio rentable… Si bien el hotel tuvo su repercusión y fue visitado hasta por el entonces presidente Roca, los ingresos no resultaban suficientes, y las deudas se renovaban. Cansada de ser la única abocada por completo a la administración, mientras sus socios se ocupaban más de las tertulias, María Herbert de Kreautner decidió volver a Alemania, y tiempo después la sociedad se disolvía.
En 1905, el principal acreedor, Ernesto Tornquist, le escribe un telegrama para convocarla a una reunión en Buenos Aires, en el que se muestra preocupado, pues daba al emprendimiento por perdido. La propuesta: que comprara ella el establecimiento y los terrenos por el valor de las dos primeras hipotecas.
Sin tener que compartir las decisiones, y con un país que ha dejado atrás la crisis de 1890, el hotel parece cambiar de suerte. Siete años más tarde, ya había podido levantar todas las deudas. Publicitado no sólo en el país, sino también el exterior, Edén Hotel comenzó a recibir personalidades de todos los rincones del mundo. En sus libros de visitas firmaron Eduardo “Príncipe de Gales”, hijo del rey Jorge V de Inglaterra; Humberto II, duque de Saboya, quien gobernara Italia hacia mediados de 1946, por poco más de un mes. Albert Einstein también piso el establecimiento hacia 1925, en su visita a la Argentina.
Hacia 1912, Herbert de Kreautner decide retirarse del negocio y volver a Alemania. Es entonces cuando le vende la propiedad en 450.000 pesos a los hermanos Walter y Bruno Eichhorn. El trato se concreta con la entrega de una pequeña suma en efectivo y diversos pagarés.

Como sucedió en los comienzos del emprendimiento, el dinero que se recaudaba no alcanzaba para todos los gastos que demandaba el establecimiento (incluida ahora la deuda con la antigua propietaria). Con menos paciencia que la anterior dueña, poco tiempo pasó para que los hermanos Eichhorn vieran como solución el loteo de los terrenos y su venta. En 1914, comenzaba a nacer el pueblo de La Falda.
Podría decirse que la Primera Guerra Mundial fue el espaldarazo definitivo que necesitó el hotel para mostrarse en todo su esplendor. Imposibilitada de viajar a una Europa bajo fuego, la aristocracia nacional terminó de optar por refugiarse en La Falda para descansar. Los Eichhorn comienzan a codearse con la clase política y la aristocracia sin ningún problema.
Sin embargo, sería la Gran Guerra la que marcara a fuego el destino del establecimiento, y no para bien.  Hacia la década del ’20, Bruno Eichhorn y su esposa, Ida, de paseo por una Alemania destruida por la hiperinflación, escuchan a un militar austríaco hablar de la necesidad de recuperar el esplendor perdido por la paz de Versailles que cerró la Primera Guerra. Seducidos con la idea, comienzan a aportar dinero para financiar a este personaje y sus ideas… Tiempo después, Adolfo Hitler reconocería y agradecería en varias ocasiones los aportes a la campaña que realizaba el matrimonio dueño del Edén Hotel.
Cuando Hitler gana las elecciones y se hace cargo de la Cancillería, la relación entre el gobernante y el matrimonio se vuelve más que pública. De hecho, son invitados por el gobierno alemán para ser condecorados por el mismísimo canciller.
Mientras tanto, el ejido urbano de La Falda sigue desarrollándose, de modo tal que en 1934 logra tener municipio propio, y se escinde del de la localidad de Huerta Grande. Paralelamente la medicina muestra avances en la lucha contra las enfermedades, y comienzan a surgir curas antes impensadas… Casi sin darse cuenta, la región del Valle de Punilla va perdiendo el atractivo curativo que fuera su primer imán, pero como la situación de esplendor parecía no tener fin, poco importaba.
Pasillo que comunica los dos jardines de invierno que había en el primer piso.
Las piezas continúan moviéndose en este ajedrez virtual, y algunos grupos argentinos que no eran afines a las ideas sostenidas por el Partido Nacional Socialista Alemán comienzan a mirar con desconfianza al matrimonio y a su hotel. Y denuncian que en el establecimiento funciona una radio de onda corta cuya función sería información al Tercer Reich, sin embargo se encuentran con que el lugar tiene “protección” policial, y obviamente política… El 13 de diciembre 1939, en la conocida “batalla del Río de la Plata” el acorazado Admiral Graf von Spee es hundido en los mares del Sur, y siete de sus tripulantes buscan refugio en el hotel cordobés, donde, aseguran los lugareños, son contratados como empleados.
Como es sabido, no es bueno para un emprendimiento comercial ligarse a una idea de manera tan marcada, tal como el Edén Hotel quedó adherido al nazismo, pues cuando ésta deja de tener importancia resulta muy difícil desligarse en la caída… El desenlace de la guerra es conocido por todos, y el Edén fue arrastrado sin piedad al abismo. El gobierno argentino declara la guerra al Eje hacia fines de 1945 por cuestiones meramente geopolíticas y el establecimiento es incautado a sus dueños y transformado en prisión para diplomáticos japoneses.
Hacia 1947, el presidente Perón les devuelve a sus dueños el hotel, quienes deciden ponerlo en venta. El grupo de compradores fue conocido como “las tres K” debido a sus apellidos (Kartulowicz, Kamburis y Kutscher), aunque existen versiones que agregan a ese grupo a un propietario más… Juan Duarte, cuñado del Primer Mandatario. El hotel no logra levantar cabeza y sigue su caída sin fin, hasta que en 1965 el apoderado del establecimiento, Armando Balbín, hermano del político radical, decide cerrarlo definitivamente. Cinco años más tarde, se intenta instalar un casino en su planta inferior, pero todo el plan queda varado.
Como en la vida, en que los hijos terminan devolviendo a sus padres algo de lo recibido cuando éstos ya no pueden valerse por sí solos, el Municipio de La Falda compra en remate judicial el predio y el edificio hacia 1998, y se lo declara Monumento Histórico Provincial. Hoy en día está siendo rescatado lentamente del olvido y la desidia, y ofrece visitas guiadas a los turistas interesados en su historia de tan sólo un siglo.
El establecimiento quedó reducido a 9 hectáreas de las 900 originales, y el pueblo de La Falda se volvió su refugio al final de la avenida Edén (que fuera otrora el camino obligado de un kilómetro y medio para ingresar al hotel desde el acceso principal, que estaba a metros de la actual ruta 38). No obstante, esto no sirvió como protección, pues el establecimiento fue saqueado y destruido. Dicen en el lugar, en “broma”, que para hacer una visita al hotel en todo su esplendor, habría que recorrer todas las casas de La Falda.
Si su historia final hubiese sido otra, hoy en día podríamos tener una vista del pasado como suspendida en el tiempo, como en las imágenes rescatadas del Titanic, pero el Edén Hotel no fue salvaguardado por el agua, y ahora está imposibilitado de mostrarnos su antiguo brillo más allá de hacerlo por viejas fotografías. Ni siquiera los fantasmas que, dicen, pasean su rancio glamour por los restos del establecimiento han podido evitar el desguace… Sí, fantasmas… pero ésa -sin duda- es otra historia…
El "teatrino" fue construido hacía la década de 1930, junto con un salón de baile y más habitaciones (en la foto se ven las destinadas a los pasajeros hombres solteros). Esta reforma rompió la simetría original de la constucción.

Vista de una de las usinas de electricidad para autoabastecerse con la que contaba el complejo.
Recepción del hotel y escalera hacia el primer piso... hoy en día esta parte ya se encuentra remozada.


sábado, 16 de noviembre de 2013

Torre Monumental

Construcción de la torre
Es uno de los emblemas más representativos, y probablemente uno de los más antiguos, del barrio de Retiro, y tal vez por la costumbre de verla siempre, no reparamos en su historia. La Torre Monumental (popularmente conocida como "torre de los ingleses") fue un regalo de parte de los residentes británicos al pueblo de la Nación Argentina con motivo de la conmemoración de nuestro primer centenario de la Revolución de Mayo.
El edificio se erigió en el predio que ocupaba la Compañía de Gas de Buenos Aires desde mediados de la década de 1850, cuando se levantó allí la usina.

Vista actual

Su construcción fue aprobada en 1909 por ley del Congreso Nacional, y fue inaugurada recién el 24 de mayo de 1916. La dilación de los tiempos se debió a diversos factores, entre los cuales se destaca el inicio de la Gran Guerra (luego conocida como Primera Guerra Mundial) en 1914. Otro de los factores probablemente sea que todos los materiales y hasta los obreros provenían de las islas europeas.
La torre, que mide 60 metros de altura, fue proyectada en estilo renacentista por el arquitecto inglés Ambrose Poynter, en tanto que la empresa Koplains & Garden Ltda. fue la encargada de la ejecución de la obra.
Un friso recorre la torre sobre las puertas (una sola está habilitada en la actualidad), en él se pueden ver triglifos y metopas ornamentadas con distintos emblemas representativos de la Argentina y del Imperio Británico, como el sol en el primer caso, y la flor del cardo, en el segundo. Sobre este friso, los escudos de la República Argentina y el Imperio Británico vigilan a cada lado del edificio.
Escudo del Reino Unido
Escudo de la República Argentina
En el séptimo piso se encuentra el reloj de la torre, elaborado por la firma londinense Gillet & Jolmston, que cuenta con cuatro cuadrantes de opalina (uno por cada lado del edificio) que miden más de cuatro metros de diámetro. Un nivel más arriba se encuentra el carrillón del reloj, compuesto por cinco campanas de bronce, cuyo peso supera los 7000 kilos. La cúpula de cobre está coronada por una veleta que representa una fragata de tres mástiles de las que comunicaban los territorios del imperio durante la época isabelina.
Una vez levantada la orgullosa torre, se parquizó la nueva plaza de la ciudad, que se denominó "Británica", nombre que mantuvo hasta 1982, año en que se libró la Guerra de Malvinas. A partir de ese momento, el predio se llamó "Fuerza Aérea Argentina" (en honor a la fuerza que hizo su bautismo de fuego durante el conflicto armado desarrollado entre nuestro país y el Reino Unido).
Años más tarde, se produjo otra demostración de cuánto nos gusta a los argentinos las rivalidades maniqueístas y el simbolismo, y se eligió como lugar para el monumento a los caídos en la guerra la barranca de la plaza San Martín, frente a la Torre Monumental.
En la actualidad, en la Torre Monumental se encuentra el Centro de Informes de Museos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y está prohibido visitar el reloj.


Leyenda sobre la puerta principal
Vista del Hotel Sheraton desde el interior de la torre
El reloj, la cúpula y la veleta

jueves, 25 de julio de 2013

Las batallas de Edison

Se lo conoce como el inventor más prolífico de toda la historia, y hasta podríamos decir que Thomas Alva Edison es el "inventor de las ideas", pues la lamparita es sinónimo gráfico de ellas. Su vida estuvo dedicada a la investigación pero también tuvo que ocuparse de problemas más mundanos, pelear por sus creaciones, luchar con su ego.
Por cierto que una batalla no se lleva a cabo en soledad, se precisa un contrincante (o varios), y si es posible algún aliado. Edison los tuvo: los conocemos asociados al mundo de las finanzas y la industria petrolera, se trata de J. P. Morgan y John Rockefeller, quienes a fines del siglo XIX se enfrentaron por el negocio de la electricidad, que podría ser súper exitoso o hundir a quien confiara en la peor de las bancarrotas (la que está acompañada por el ridículo).
Es en diciembre de 1879 cuando un joven Thomas Alva Edison ilumina (por primera vez públicamente) su laboratorio con energía eléctrica. A partir de allí, cambiaría la historia de la humanidad. Cabe señalar que muchos discrepan con la idea de que Edison fuese el inventor de la lamparita eléctrica incandescente, y mencionan otros nombres tales como Warren de la Rue, Joseph Swan y Humphry Davy.
Una vez presentado el laboratorio iluminado, era tiempo de encontrar inversores que quisieran hacerse cargo de financiar el desarrollo masivo del sistema que acababa de dejar boquiabierta a la sociedad norteamericana. La idea era “electrificar” Nueva York. El joven banquero J. P. Morgan aceptó el desafío, y contra lo que le aconsejaba su padre, invirtió en la idea (en 1880 formarían la Edison General Electric).
Por su parte, el petrolero John Rockefeller fue un acérrimo detractor del sistema que proponía Edison, no porque no creyese en él, sino porque era quien se encargaba de suministrar el aceite y el gas con que se alimentaban las lámparas. Un ataque certero a su prolífica economía.
Es sabido que todo invento que mejore la vida es recibido con entusiasmo por sus beneficiarios, y sin duda, la idea de iluminar un ambiente con solo apretar un botón, lo era. Pero también es cierto que lo nuevo genera temor, y cualquier noticia que demostrara la nocividad del invento prendería en la sociedad de la época sin mucho esfuerzo. Es por eso que Rockefeller comenzaría una lenta pero por momentos exitosa campaña de desprestigio del sistema propuesto por el pluriinventor. Para ello se encargaba de publicar en los periódicos el lado negativo de la manipulación de la electricidad: las muertes por electrocución.
Thomas Alva Edison
No era ésta la única guerra que debía enfrentar Edison, pues un empleado de su laboratorio, Nicholai Tesla, le abriría un nuevo frente de batalla… Edison trabajó con el sistema de corriente continua (DC), cuya desventaja más notoria era la transmisibilidad, en cambio, Tesla había desarrollado motores que trabajaban con corriente alterna (AC), y cansado del desprecio de su idea por parte de Edison, decidió renunciar y conseguir su propio inversor. El industrial George Westinghouse fue quien aceptó el desafío.
Comenzaba la denominada “guerra de corrientes”, y quien saldría más herido sería Edison. Otro empleado de su laboratorio, Harold Brown, había investigado la electrocución, y había desarrollado un elemento de castigo que funcionaba con corriente alterna: la silla eléctrica. En un intento por desprestigiar a Tesla, Edison apoyó el proyecto (es por esta razón que se le adjudica a él también erróneamente este invento) ya que suponía que al utilizar el sistema de corriente ideado por Tesla, éste quedaría unido a la silla de la muerte. Sin embargo, las cosas no resultaron como él pretendía, y luego de la primera ejecución, la imagen de Edison (que había apoyado el proyecto) cayó en picada.
El directorio de la Edison General Electric decidió remover el nombre del inventor de su denominación como para no unir la suerte de la empresa a la imagen negativa que afrontaba su alma máter. Rockefeller no pudo ir contra el progreso, pero tampoco (justo es decirlo) le fue mal con sus negocios. La batalla de las corrientes finalizó con éxito para Tesla, pues Westinghouse presentaba mejores presupuestos para el desarrollo de los trabajos… Sin embargo, quien pasaría a la historia sería Edison que continuó creando, y patentando inventos, y hoy su nombre nos resulta moneda corriente.




lunes, 8 de julio de 2013

66 años mirando al cielo

Primera noticia del "incidente Roswell"

Si bien existen registros e historias de avistamientos de objetos voladores no identificados anteriores a 1947, no puede negarse que el conocido "incidente Roswell" es un punto bisagra en lo que podríamos llamar la historia de los OVNI.
Sucedió en la primera semana de julio de 1947, cuando un granjero de Roswell, Nuevo México, salió a recorrer sus tierras, luego de que la noche anterior se produjese una fuerte tormenta. Durante su inspección notó que había pequeños fragmentos metálicos dispersos en el terreno. A medida que avanzaba, esta "chatarra" tenía mayor tamaño. Cuentan los registros que de pronto se encontró con una zanja ancha y poco profunda de tierra, como si hubieran sacado una lonja del terreno.
Asustado, W. Brazel tomó unos trozos de metal, e hizo la denuncia. A partir de ese momento, nada volvería a ser igual, no sólo para él, sino para toda la ciudad.
Para intentar comprender qué sucedió en la cabeza de los habitantes, hay que situarse en tiempo y espacio. La Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente recién terminada, y se encontraba en sus etapas iniciales la denominada "Guerra Fría", un enfrentamiento solapado, desarrollado entre amenazas nucleares y espías, que se produjo entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (como actores principales).
La psicosis por la amenaza nuclear era grande, luego de que los Estados Unidos atacaran las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con un arma desconocida e inusitadamente letal: la bomba atómica.
En cuestión de horas, el "incidente Roswell" se convirtió en asunto de alta seguridad para el gobierno, al menos hasta que se supiera qué había sucedido, o para que no se filtrara información si el aparato caído pertenecía al ejército. La zona fue cerrada por los militares y el flujo "oficial" de información se cortó abruptamente.
Algunos pobladores cuentan que Brazel habló de trozos de metal con caracteres indescifrables (bien podrían haber sido en idioma ruso o "marciano"), y otros recordaron haber presenciado avistamientos de luces extrañas sobre la zona durante ese año.
Varios días después (el 8 de julio) la noticia se filtró en la prensa escrita... el mito extraterrestre había nacido.
Entrada al museo, en el 114 North Main Street 
Poco se sabe en realidad del incidente, pero lo cierto es que a partir de ese momento el cielo fue escudriñado por propios y extraños en busca de los visitantes de otros mundos que venían en son de paz, o para conquistarnos (en 1938, plena Segunda Guerra Mundial, Orson Wells transmitió por radio la adaptación de la novela de H. G. Wells, "La guerra de los mundos", en la que se producía una invasión marciana en la Tierra, lo que causó pánico en la población de Nueva York... la idea estaba instalada... la amenaza estaba ahí afuera). Resulta llamativo, también, que es por esta época en la que surgen los grandes superhéroes de los cómics, con residencia en los Estados Unidos y siempre dispuestos a luchar contra el Mal para salvar a la nación. Evidentemente, el miedo existía, y la industria publicitaria tenía que afianzar la confianza en la seguridad.
Volviendo a Roswell, más allá de las teorías conspirativas, y los cuerpos de los extraterrestres que, según dicen, trasladaron a un lugar "secreto" en el Campo de Pruebas y Entrenamiento de la Fuerza Aérea, llamado "Área 51", la historia de Roswell cambió la vida de ese pueblo, que se reconvirtió poco a poco en la capital mundial de los "platos voladores" (la agencia Associated Press los llama "flying disks"), con museo alusivo, festivales y merchandising por doquier (una taza de cerámica con la impresión de la primera plana del diario que dio la primicia se consigue a diez dólares). También dio inicio a una subindustria del entretenimiento de la que Hollywood y el mercado editorial supieron sacar provecho con creces.
Hace 66 años que miramos al cielo buscando respuestas, casi como rezando en una nueva religión. Hace 66 años nacía el mito, o tal vez el mito dejaba de serlo para volverse una realidad palpable... todo depende del lado de la historia que tengamos ganas de creer... porque al fin y al cabo, el universo en infinito, y todo se vuelve en una cuestión de fe...

Portada digital del diario de Roswell
Fuentes de las imágenes: www.roswellufomuseum.com y Roswell Daily Record.

jueves, 2 de mayo de 2013

Sopa de dioses, todos los días...


Los usamos y repetimos hasta el cansancio todo el tiempo, y hasta tenemos nuestros preferidos, y sin embargo desconocemos su procedencia. Se trata de los nombres de los días de la semana. ¿De dónde provienen? ¿Por qué se denominan de esa manera?
Vale aclarar que la semana no tuvo siempre siete días, y que esta convención proviene de los romanos y su calendario lunar (se guiaba por los ciclos del astro de 28 días). Dicho esto, empecemos a desmenuzar cada día, para conocer el origen de sus nombres.
El domingo arrastra su nombre de la Iglesia Católica, pues proviene de dominicus dies, que significa “día de Dios”. Sin embargo, se podría decir que no se diferencia mucho de las formas antiguas, y que en los idiomas anglosajones se mantiene. Antiguamente, era el día dedicado al Sol (como deidad) y se llamaba dies solis en latín, y hemera heliou en griego. En inglés, aún hoy se llama sunday (en tanto en alemán es sonntag -sonne es sol-, y sunnundarg en noruego).
Si avanzamos en la semana, el lunes debe su nombre a la Luna, y proviene del latín lunæ dies. En griego, era hemera selenes (recordemos que Selene es el nombre de una antigua diosa lunar). En las lenguas anglosajonas, en inglés es monday (apócope de moon day); montag en alemán, y maandag en holandés. En los otros idiomas latinos, tenemos que en Italia se llama lunedi, mientras que en francés se denomina lundi.
Marte y Venus-
Continuando con nuestra semana lingüística, no caben dudas de que el martes es el día en honor al dios romano de la guerra (Marte, martis dies). En Francia, se dice mardi, mientras que en Italia es martedi. En griego, en cambio, el dios que regía las batallas era Ares, y en la península helénica martes se decía hemera areos. Ahora bien, en principio aquí se desbarataría la unión que tiene el tema de los nombres de los días entre las lenguas latinas y anglosajonas. Sin embargo, debemos decir que tuesday en el antiguo inglés era tiwesdæg, y si bien eso no nos dice mucho, Tiwes era el dios del aire para los primitivos germanos, y Tiu el dios de la guerra en pueblos más cercanos a nuestra era, también en la zona de la actual Alemania. Así llegamos al actual tuesday del inglés; tisdag del sueco, y tisdarg del noruego.
Poco a poco hemos llegado al miércoles, la jornada que homenajea al dios Mercurio (mensajero de los dioses, quien por sus sandalias aladas podía recorrer enormes distancias en poco tiempo, luego sería tomado también por el comercio), pues su nombre en latín es mercurii dies. En griego, se llamaba hemera hermou (por Hermes, el dios mensajero para los helenos). En italiano es mercoledi, mientras en que francés se dice mercredi. En los idiomas sajones, tenemos que wednesday es en inglés, y deriva de antiguo inglés wodnesdaeg (literalmente Woden’s day). Woden es un dios de las culturas protogermánicas, relacionado con el escandinavo Odín. De estas dos deidades toma el miércoles su nombre en los diferentes idiomas sajones, salvo en el alemán que trocara a mittwoch, que significa mitad de semana.
Al dios romano Júpiter le tocó en gracia el jueves. Y todos sabemos que su paralelo griego es Zeus. En el idioma heleno, pues, se nombraba a este día como hemera theo, algo así como el "día del Dios", siendo que Zeus era el supremo griego. En las correlatividades con el panteón universal, Júpiter tiene el mismo escalafón que el germano Thor. Y es de aquí que se derivan los “jueves” en los idiomas anglosajones: el actual thursday proviene del antiguo inglés ƥurresdaeg, probablemente una derivación del ƥurnesdaeg (día de Thor). Sabemos que thor es el dios del trueno, y con esto llegamos a donnerstag, que es el “día del trueno” (literalmente jueves en la lengua germana).
Y si de dioses hablamos, no podrían estar ausentes las representantes del amor… Es así que viernes deriva de Venus (dies veneris), diosa romana encargada en el tema. Afrodita tiene su parte en Grecia con el hemera Aphrodite. Por su parte, el antiguo inglés llamaba a este día frigedaeg que significaba “Frigga’s day”, en honor a una de las tres esposas de Odín (Frigg) que representa el amor, el matrimonio, la tierra cultivada, entre otras cuestiones siempre relacionadas con la fertilidad. Algunos sostienen que, en realidad, la diosa germana Freya estaría más relacionada con Venus que la mismísima Frigg, y que de ella se deriva el alemán freitag, y que de allí proviene el inglés actual friday.
Este largo recorrido de la semana culmina con el sábado, otro día complicado para hallar correlaciones directas, aunque las tenga. El español “sábado” proviene según el Diccionario de la Real Academia Española del latín biblíco sabbatum, que a su vez deriva del griego, que es tomado del hebreo Sabbat, y éste del acadio sabattum, y significa “descanso”. Probablemente porque haya sido el día en que el dios católico descansó, luego de crear al mundo (en siete días). En griego, el sábado era llamado hemera kronos, por el titán Cronos, quien fue equiparado al dios romano Saturno. En latín, el sábado era llamado (antes de la injerencia cristiana) saturnii dies. En inglés, por ejemplo, es saturday, y este vocablo proviene del inglés antiguo sæterdaeg (día de Saturno). En holandés, es zaterdag, por citar un caso más.
La semana portuguesa merece un párrafo aparte, pues a diferencia de los ejemplos que hemos visto, en este idioma sólo dejan relacionados los fines de semana (sábado y domingo), pero en los demás días optaron por denominarlos a su modo como segunda, terça, cuarta y quinta feiras, según su orden con respecto al comienzo de la semana. Y lo mismo ocurre con el griego actual donde los días de la semana son: deftéra (défteros: segundo), triti (trítos: tercero), tetárti (tétartos: cuarto), pemti (pémtos: quinto) y paraskeví (que a diferencia del portugués no proviene de sexto [éctos], sino que significa “día de la preparación”). En tanto, los del fin de semana son: sávato y kiriakí (derivado de kirios: Señor).
Esto es sólo una pequeña muestra de la extensa red que se ha ido tejiendo entre las diferentes culturas para denominar a los días de la semana. Intentar abarcar a todos los idiomas a lo largo de la historia sería imposible, al menos si buscase hacerlo sólo en siete días…