sábado, 2 de abril de 2011

El "Doríforo" en Buenos Aires... una oportunidad imperdible

Así como el Ave Fénix, el "Doríforo" ha resurgido también de las cenizas, aunque no de las propias, sino de las del Vesubio, y hoy en día está entre nosotros... La República de Italia cumple 150 años de vida (unificada), y como parte de los festejos, envió un embajador ilustre al país. Se trata de la copia en mármol del "Doríforo" (realizada originalmente en bronce por Policleto, en el siglo V antes de Cristo).
Esta obra de arte fue encontrada en las excavaciones que se realizaron en donde se situaba la ciudad de Pompeya (que sucumbiera bajo la lava y las cenizas del Vesubio en agosto del año 79 de nuestra era). El hallazgo data de 1797, y se llevó a cabo en las ruinas del gimnasio "Palestra Sannitica". Primero se encontró el tronco, y cuatro meses más tarde, cuando todo hacía suponer que no pasaría de ser un pedazo de estatua de los que abundan de aquella época, se hallaron las extremidades. No tuvieron la misma suerte los elementos que portaba, y que aún hoy continúan siendo motivo de estudio e investigación.
Hacia 1800, se unieron las partes con polvo de mármol, y se agregaron pivotes para evitar nuevas roturas (por ejemplo, el que une el brazo derecho al cuerpo). Estas junturas, cicatrices de un cuerpo con historia, son observables a simple vista, y no le quitan belleza a la pieza.
Policleto realizó a su guerrero siguiendo lo que él consideraba el ideal de belleza en cuanto a la simetría del cuerpo humano. Y esta obra fue tomada como modelo de la "proporción humana". La cabeza, por caso, mide exactamente la séptima parte de la altura, y el rostro está dividido en tres partes iguales: la frente, la nariz y la distancia entre ésta y el mentón miden lo mismo.
Si bien los críticos de arte aluden que la estructura de la pieza es arcaica, pues se basan en los pectorales planos y la exageración de los músculos de la cadera, hay que reconocer que Policleto supo imprimirle movimiento a su obra, a la que le otorgó una posición quiástica (es decir, con forma de "X"). El guerrero apoya su peso en la pierna derecha y sostiene algo (por mucho tiempo se pensó que una lanza, de ahí su nombre -doríforo significa "portador de lanza"-) con la mano izquierda, por lo que la musculatura de estos dos miembros se muestra tensionada. Por otra parte, la pierna izquierda y el brazo derecho se encuentran aparentemente relajados (la pierna se está moviendo hacia adelante, y en el brazo se observa que tiene los bíceps contraídos, por lo que se supone que también estaría cargando algo). Además, como para terminar de romper con la posición estática con que se esculpía, hizo girar levemente hacia la derecha la cabeza al joven guerrero.
Decíamos que antes se suponía que portaba una lanza, y por eso se bautizó a la pieza con el nombre "doríforo", sin embargo, la posición de los dedos de la mano izquierda (y del brazo en general) hace suponer que, en realidad, lo que sostenía era un escudo, mientras que en la mano derecha bien podría estar portando el mango de una espada. Tampoco se sabe a quién representa, si es que tuviera que representar a alguien. Por mucho tiempo se dijo que era el dios Apolo o el héroe Aquiles. La directora del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, Valeria Sampaolo, desliza hoy en día que "se ha constatado que los atributos recién reconocidos [el escudo y la espada] pueden muy bien compaginar con Teseo, héroe ateniense vinculado a la formación civil y militar de los jóvenes griegos". 
Personalmente, me resultó llamativo que esta escultura presente en la espalda dos agujeros que no fueron rellenados por polvo de mármol. Se supone que estas marcas se deben a que la estatua se hallaba sobre un pilar irregular que no garantizaba su estabilidad, y por lo tanto se la unió a algún muro desde esos lugares para evitar que se cayera. También, me llamó la atención el realismo en la representación de las venas de los brazos, algo que sin duda debe haber sido complicado de tallar en mármol, y mucho más a pricipios del siglo I (circa años 14/37 a.C.)...
El "Doríforo" está realizado en mármol lunense, mide 2,135 cm de alto, y pesa 750 kilos.
Esta obra de arte se exhibe desde el 1 de abril hasta el 30 de junio de 2011, en el hall de las escaleras del Museo Nacional de Bellas Artes (Avenida del Libertador 1473), con entrada libre y gratuita. Sin lugar a dudas, una ocasión excepcional para acercarse a los orígenes del arte clásico, sin tener que viajar a Europa.

domingo, 6 de marzo de 2011

Carnaval toda la vida...

Resulta difícil rastrear el origen de la festividad del Carnaval, pues se disfraza con diferentes máscaras, que ocultan su verdadero nacimiento. Así, pues, encontramos que surge como una celebración ofrecida al dios romano Baco, o como las fiestas Saturnales (en honor del dios Saturno), o las Lupercales (que honraban al Fauno Luperco), o incluso, también como una ceremonia al dios egipcio Apis.
Estas fiestas fueron apagándose a medida que las religiones paganas iban debilitándose en tanto el cristianismo iba ganando adeptos. Tal como sucedió con la Navidad, la nueva religión tomó ritos y celebraciones de los paganos, como una estrategia para acercarlos a sus filas. Ya en la Edad Media, tan adepta a las abstinencias para limpiar el alma, el Carnaval comienza a representar la despedida de la vida licenciosa, antes de la Cuaresma.
La festividad ha tenido sus altibajos a lo largo de su vida, muchas veces ligados al poder de turno, que en busca de orden o por miedo al "vale todo", ponía límites a la celebración. Es así que, por ejemplo, el rey Carlos I de España prohibió en 1523 los disfraces y máscaras para la celebración, camino que años más tarde sería desandado por Felipe IV.
El Carnaval llega a América Latina, obviamente, de la mano de los conquistadores. Si bien en todos los pueblos y ciudades se festeja, en algunos lugares tuvo un auge digno de admiración y ha sabido convertirse en emblema de la ciudad que lo alberga. Sin lugar a dudas, hablar de Carnaval es hablar de la brasileña Rio de Janeiro. En la Argentina, Gualeguaychú y Corrientes han sabido hacer lo propio, muy dignamente a pesar de las diferencias (económicas, de dimensiones, etc.).
Decía más arriba que el poder siempre miró con recelo al Carnaval. Tal vez el hecho de que mucha gente reunida en las calles, que esconde su rostro y se da el lujo de ser "libre", supo poner a los gobernantes a la defensiva.
En 1778, el virrey Ceballos prohibía por "escandalosas" y desenfrenadas estas fiestas. Rosas hizo lo propio hacia 1844, cuando su poder comenzaba a ser discutido por la población. Reanudado, con don Juan Manuel en el exilio, el Carnaval supo tener prohibiciones parciales, como la que fue casi cuestión de Estado cuando un grupo de jóvenes intentó en 1872 representar en una comparsa la "Expedición al Desierto", algo que -lógicamente- sería impedido.
La luz eléctrica en las calles sumó atractivo a la celebración, y ya comienzos del siglo XX, el Carnaval (más reglamentado y ordenado) adquiere nuevos aires en la Capital Federal. Los corsos y bailes se vuelven relevantes. Las grandes tiendas comienzan a vender disfraces, y se organizan concursos. El tango mismo utilizó la puerta del Carnaval para legitimarse en la clase media. Los teatros levantaban sus butacas y organizaban bailes en sus salones, con la orquesta sobre el escenario (los más famosos fueron los realizados en el Ópera, el Politeama, el Marconi y el Smart -actual Blanca Podestá-. Hasta el Teatro Colón se sumó en 1936 a la organización de un elegante baile de disfraces.

La Avenida de Mayo ornamentada para festejar el Carnaval.
En la década del '30, los corsos se mudan de sus habituales escenarios (el de la Avenida de Mayo fue el más destacado) hacia los barrios, y naces agrupaciones distintivas de los lugares que los albergaban. Surgen así las murgas como: Los Criticones de Villa Urquiza, Los Eléctricos de Villa Devoto, Los Amantes de La Boca, Los Cometas de Boedo, etcétera.  Con el paso del tiempo, el brillo del festejo en la calle iría disminuyendo. En realidad, los clubes barriales tomaban la posta en la organización de estos festejos. Se destacan, entre otros, los bailes del Club Comunicaciones, del Centro Asturiano de Vicente López, del Club Boca Jurniors. El éxito de estas veladas era medido en recaudación, y es por eso que los organizadores no reparaban en gastos a la hora de convocar estrellas.
La realidad política atacaría otra vez, en 1976, el festejo del Carnaval. El poder de facto encabezado por Videla dictó el decreto-ley 21.329, por el cual se establecía la desaparición del Carnaval del calendario oficial. La eliminación del feriado atentó contra la celebración, que fue perdiendo el poco brillo que le quedaba... hasta hoy, que por primera vez en 35 años se vuelve a festejar oficialmente.

Los Cometas de Boedo.  
Es imposible saber qué futuro le depara al festejo del Carnaval. Tal vez sea un nuevo vaivén de los tantos que tuvo a lo largo de su historia, o quizás sea el renacer de una fiesta que irá adquiriendo brillo y color con el paso de los años hasta transformarse en un polo económico y turístico como el de Rio de Janeiro o Venecia... lo único cierto, es que es que estos "cuatro días locos" son, al menos este año, una reivindicación más ante los atropellos que el poder político supo ejercer sobre las libertades individuales. Sin lugar a dudas, una buena razón para festejar.  

domingo, 13 de febrero de 2011

Pide un deseo, pero piénsalo con cuidado...

Una de las primeras cosas que aprendemos los seres humanos es a hacer realidad nuestros deseos. Al principio, probablemente, desde los caprichos; luego evolucionamos, y aprendemos a trabajar por ellos, los buscamos desde un lugar más activo, nos movilizamos para lograrlos. Los cuentos que nos relataban nuestras abuelas nos enseñan que es posible "desear" y que un genio nos cumpla nuestros pedidos sin más esfuerzo que esperar unos instantes, sin necesidad de preocuparnos por el resultado, pues está claro que será feliz.
Al crecer, nos damos cuenta de que el asunto de anhelar es mucho más complejo de lo que pensábamos, y que el final feliz no siempre se da, pues comienzan a jugar una serie de factores que en nuestra cabeza infantil no existían. A pesar de que ese genio que resolvía a nuestros caprichos (como nuestros padres responden a nuestro llanto para saciar un deseo) no es real, es factible cumplir nuestros deseos, aunque recurrir a métodos "mágicos" puede hacernos pagar un alto impuesto por evitar la espera y el esfuerzo para obtener nuestros propios resultados.
Los deseos son ínsitos al hombre, el problema es que en toda su historia, éste no ha aprendido a llevarlos a cabo sin ambición y con inteligencia. Ya en la Antigüedad, Ovidio nos cuenta en el mito de Eneas la historia de una antigua sibila, a quien Febo intenta seducir; ante la negativa de la mujer, el dios sol utiliza una última táctica y le ofrece hacerle realidad un deseo. La doncella, mientras alza un puñado de arena le pide a Febo vivir tantos años como granos de arena encierra en sus manos, al tiempo que le reitera su negativa de renunciar a su castidad. Ya sabemos que los dioses griegos son amantes de los castigos como moralejas, Febo le cumple el deseo, le otorga la longevidad, pero no la juventud para acompañar la petición. "Ya me ha vuelto la espalda la edad feliz y ha llegado con paso trémulo la débil vejez, que todavía he de soportar durante largo tiempo [...]. Llegará un día en que tan larga sucesión de días reducirá mi altura, y mis miembros, consumidos por la vejez, serán reducidos a un peso pequeñísimo; y no parecerá que fui amada y agradé a un dios", se lamenta la pitonisa. Más allá de que suena descabellado aceptar un ofrecimiento como ése sin pensar en dar nada a cambio, y mucho más si quien lo ofrece es un dios... ¿acaso a alguno de nosotros se nos hubiera ocurrido pensar en ese detalle de la juventud sin fin?
La literatura, por su parte, también se hace eco del tema y nos avisa que, ante la posibilidad de solicitar una gracia, lo hagamos con cuidado, sabiendo que eso que pedimos responde a una cadena de acciones, y que por lo tanto tendrá una reacción.
El escritor y humorista inglés W. W. Jacobs nos acerca "La pata del mono", un relato en el que nos alerta sobre esta situación, y nos deja entrever que en la vida todo tiene un costo. Así, por ejemplo, la simple solicitud de una suma de dinero para pagar una hipoteca, que le es concedida al personaje del relato por el amuleto oriundo de la India, llega como una indemnización por la muerte del hijo del solicitante...
En el conjunto de deseos más peligrosos se encuentran los que surgen de nuestras entrañas en momentos de enojo. Si no somos capaces de pensar con frialdad un deseo en estado de tranquilidad, cuánto menos en medio de un arrebato, justo en momentos en que nuestros deseos se vuelven básicos, hasta salvajes. El psicoanalista Bruno Bettelheim explica que "muchos cuentos describen el resultado trágico de los deseos temerarios, que uno tiene porque anhela algo con exceso o porque no puede esperar a que las cosas se produzcan a su debido tiempo. Ambos estados mentales son típicos del niño". Y cita dos cuentos de los hermanos Grimm que sirven de ejemplo: "Hans, mi pequeño erizo" (en el que, frustrado por no poder tener un hijo debido a la infertilidad de su mujer, un hombre exclama que desea tener un descendiente aunque fuese un erizo... bien, no hace falta pensar mucho para darse cuenta que la mujer queda embarazada, y cómo siguió la historia) y "Los siete cuervos" (un hombre enojado con "la vida" porque tuvo una niña en lugar de otro varón, manda a sus hijos a buscar agua para bautizar al nuevo miembro de la familia, y ante la tardanza de éstos exclama "desearía que mis hijos fueran cuervos"... para qué seguir explicando cómo continúa el relato). Sin embargo, a diferencia de la historia de Jacobs, los cuentos referenciados brindan la posibilidad de redención y final feliz. En el primero, el erizo ayuda al rey cuando éste se pierde en el bosque, y como recompensa, el soberano le ofrece la mano de su hija (¿en qué estaría pensando este hombre?), quien cumple el mandato paterno y se casa con el animal... pero como el amor es más fuerte, una vez que sucede esto, el erizo logra transformarse en ser humano. En el segundo relato, la niña (causa "inocente" de la suerte de sus hermanos) viaja al "fin del mundo" y hace un enorme sacrificio que permite a sus hermanos recobrar sus cuerpos antropomorfos, y todos viven felices por siempre.
Cumplir los deseos no es tarea sencilla, y buscar atajos para hacerlo puede resultar peligroso. Por lo pronto, tengamos en claro que nuestros deseos no se cumplen por arte de magia, y que todo forma parte de una gran cadena de acontecimientos. Ya lo dice la conocida frase: "Ten cuidado con lo que deseas, porque puede volverse realidad"...

sábado, 15 de enero de 2011

La balsa de la Medusa


Si hablamos de naufragios, sin duda, el más promocionado fue el que sufriera la nave inglesa Titanic en 1912. Y si nos referimos a accidentes en los que los sobrevivientes debieron recurrir al canibalismo para no morir, la tragedia de los Andes, en 1972, será el hecho que vendrá a nuestra memoria.
Estos sucesos permanecen cercanos a nosotros gracias al cine, no obstante, hubo un hecho que reunió ambas características y que, tal vez por lo lejano en el tiempo, no conocemos, aunque en su momento también tuvo su representación artística.
Sucede que a principios de julio de 1816 (cuando en estas tierras se preparaba la declaración de independencia) la fragata francesa Méduse encalló a pocos kilómetros de la actual Mauritania, cuando iba a tomar posesión de la colonia de Senegal. El accidente se produjo en medio de una tormenta, cuando la nave gala se separó del grupo de barcos que se dirigía hacia África, por impericia de su capitán, el vizconde Huges Duroy de Chaumereys. Luego de intentar infructuosamente recuperar la nave, los tripulantes decidieron construir una balsa, dado que los botes no alcanzaban para las 400 personas que estaban a bordo. Los aristócratas se subieron a las chalupas, y el resto de los pasajeros, a la balsa construida con maderos de la fragata. La idea era que los botes remolcaran a la balsa, y así lograr acercarse a la costa.
Pero es sabido que el hombre propone y dios dispone, y por alguna razón que no se ha podido determinar, todas las sogas que unían a los botes con la balsa se cortaron, quedando la improvisada embarcación navegando al garete.
A partir de allí, quienes iban sobre la balsa (que medía 20 metros de largo por 7 de ancho), comenzaron una odisea de supervivencia que cualquier productor televisivo de nuestros días filmaría con sumo placer. Peleas, suicidios, un motín, el asesinato de los más débiles, el hambre y la condición humana cruzando sin tapujos los límites de la civilización, fueron los condimentos de una travesía que duró aproximadamente 13 días. Quienes lograron sobrevivir tuvieron que acceder a alimentarse con los restos de los muertos.
El 17 de julio de 1816, la nave Argus se topa por casualidad con la balsa, y rescata a los sobrevivientes, quienes al llegar a París relatan lo sucedido, desatando un escándalo político de grandes dimensiones, pues el capitán del navío había sido designado, según se supo al investigar lo sucedido, por favoritismo político, y no por idoneidad.
Obnubilado por las dimensiones que tomaba el caso, y dispuesto a hacerse famoso por su obra, un joven pintor llamado Théodore Géricault decidió plasmar en el lienzo una representación del hecho. Para realizar el cuadro (de 4,91 por 7,16 metros), el artista dibujó muchos bocetos, inspirados en sus numerosas visitas a la morgue y al hospital. Ocho meses después, Géricault, de 27 años, terminaba la gigantesca obra que le abriría las puertas del gran mundo del arte, y lo convertiría en uno de los referentes del movimiento romántico. "Le radeau de la Méduse" fue exhibido en el Museo del Louvre, exponiendo a la vista de todos el panorama sombrío y caótico (que se refleja en los tonos y el desorden de la escena) por el que tuvieron que pasar los 15 sobrevivientes de la tragedia. No obstante, Géricault decidió hacer hincapié en el preciso momento en que la desesperación se torna esperanza, cuando los náufragos divisan a lo lejos al Argus.
A pesar de que el trabajo tuvo mucho éxito, el artista quedó excluido de los encargos oficiales debido a que la monarquía tomó a la obra de arte como un ataque. El joven pintor fue acusado de instigar a la sublevación popular contra el poder. Fue así que Géricault decidió llevar su obra a Londres.
Théodore Géricault murió a los 32 años, víctima de una enfermedad. Luego de su deceso, el gobierno francés compró la obra, que hoy está expuesta en el Salón de 1819 del Museo del Louvre. 

Jean-Luis André Théodore Géricault (1791-1824)


sábado, 25 de diciembre de 2010

El monumento más antiguo de Buenos Aires

Buenos Aires es una ciudad joven (históricamente hablando, claro está), pues no llega a 500 años de vida. Si tuviésemos que arriesgar una respuesta sobre cuál el monumento más antiguo que posee, podríamos aventurar hipótesis tales como el Cabildo, la vieja Aduana (que se encuentra debajo de la Casa de Gobierno), la Iglesia de San Ignacio (el templo más antiguo), etc. Y no estaría mal pensar así, si desconocemos que el monumento al que hacemos mención no sólo no fue construido en estas latitudes, sino que, además, tiene más de 2.000 años sobre la tierra.
En efecto, a mediados de la década de 1955, la Municipalidad de Roma donó una columna que extrajeron de las excavaciones que realizaban en donde se encontraba el Foro Romano (en este lugar se realizaban los intercambios comerciales, allí también se celebraban los actos políticos y judiciales, su importancia radica en que se encontraba en un lugar clave, en la encrucijada de las principales vías de la ciudad).
La columna romana de casi 1,90 metros de altura y 55 centímetros de díametro se emplazó, en principio, en Av. del Libertador y Luis María Campos, pero en septiembre de 1984 se decidió trasladarla a la más "apropiada" Plaza Italia, junto al enorme monumento al político y militar italiano Giussepe Garibaldi (réplica del erigido en Brescia, Italia).
Como cualquier monumento, en alguna época la columna tuvo su placa de bronce (tal como se ve en  la foto), que luego fue saqueada, como la mayoría de las placas que se encontraban diseminadas por Buenos Aires, para ser vendidas en el mercado negro y fundidas. Ella decía: "De la Ciudad de Roma a la Ciudad de Buenos Aires en simbólico testimonio de amistad fraternal". 
Un regalo muy valioso que pasa completamente inadvertido en uno de los lugares más concurridos de Buenos Aires, y que, además, no cuesta nada visitar.
Antiguo Foro Romano

domingo, 31 de octubre de 2010

La Noche de Brujas: historia y simbología más difundida

Ajeno a nuestras tradiciones, el festejo de la Noche de Brujas se viene desarrollando por estas tierras desde hace aproximadamente unas dos décadas. No obstante, es una costumbre que aún no ha logrado saltar los límites de la publicidad y la organización de fiestas en discos.
Los origenes de lo que hoy se ha transformado en una gran fiesta de disfraces globalizada distan de ser festivos, y se remontan unos 2.500 años en la historia. Para la tradición celta, el fin de año (Samhain) llegaba justo al final del verano (hacia el 31 de octubre), y coincidía con el fin de época de cosechas. Además, tal vez como una analogía de que el invierno les traería muchas dificultades, creían que esa noche los muertos volvían en busca de un cuerpo en el cual revivir. Es por esa razón que este pueblo pasaba esa noche a oscuras (para no llamar la atención de los espíritus) y "camuflados" con pieles (para que, en caso de ser encontrados, estos espíritus siguieran de largo al confundirlos con animales).
Como suele suceder cuando hay fusión de culturas, la conquista de la isla de Gran Bretaña por parte de los romanos hizo que éstos, poco a poco, comenzaran a celebrar esta tradición. En el siglo VII, el papa Bonifacio IV incorpora esta tradición al calendario oficial católico, pero en homenaje a todos los difuntos, el día 1 de noviembre.
Con el tiempo, vendría la denominación que hoy conocemos. Es sabido que el nombre "halloween" deriva de "all hallows eve" que significa lisa y llanamente "vísperas de todos los espíritus" (que deviene de "all hallows day" o "día de todos los espíritus").
La simbología
Halloween es una mezcla de tradiciones. Los disfraces son un derivado de las pieles con las que se camuflaban los antiguos celtas con el fin de pasar inadvertidos por los espíritus. La tradición moderna dicta que sólo se puede salir a la calle esta noche disfrazados con algo relacionado con la muerte, con el fin de engañar al espíritu que busca un cuerpo vivo para reencarnar.
Otro símbolo que ha tomado gran fama es el uso de la calabaza iluminada. Sin embargo, nada tiene que ver con el origen del mito, pues ya habíamos dicho que los antiguos celtas pasaban la noche a oscuras. Esta tradición deriva de otra leyenda celta que cuenta que un estafador irlandés se cruza en una taberna con el diablo, que intenta tomar su alma. Sin embargo, Jack (tal era el nombre) logra engañar al demonio en varias oportunidades, hasta que en la última le hace prometer que jamás se adueñaría de su alma. Conseguido el cometido, Jack sigue si vida hasta que, lógicamente, un día muere. En el cielo no es recibido por el tipo de vida que había llevado, y cuando va al infierno, tampoco puede permanecer allí dado que la promesa del diablo continuaba en pie. Es entonces que el demonio le ofrece un nabo ahuecado y pone allí un carbón infernal que jamás se apagará, para que vague por las tinieblas del "no mundo" eternamente. Cuando en 1845, una crisis económica de grandes proporciones expulsa a muchos irlandeses que viajan a Norteamérica en busca de un mejor futuro, cambian allí la tradición del nabo por la calabaza, pues al tener mayor tamaño, resulta más fácil de ahuecar para iluminarla. Cuando las dos costumbres se mezclan, la idea que se establece es que la calabaza protege la casa, pues si en cada una se coloca una calabaza iluminada en puertas y ventanas, se iluminaría el camino del espíritu para que continúe con su derrotero, sin ingresar en ningún hogar.
El "dulce o truco" también tiene un origen diferente al del Halloween. Se cuenta que en los siglos XVI y XVII se realizaba una persecusión sistemática contra los católicos. Eso llevó a que un grupo de católicos intentara matar al rey. Sin embargo, uno de ellos traicionó a sus compañeros (se dice que a fuerza de torturas) y todo el plan fue desbaratado. Cada aniversario de esa traición, grupos de luteranos paseaban por las calles inglesas con máscaras y se acercaban a las casas de los católicos en busca de algo de valor como una forma aterrorizarlos y chantajearlos por su silencio. Con el tiempo, esta costumbre (menos "simpática", por cierto) también se transformó y fue fagocitada por la festividad de Halloween.
La festividad como tal comenzó a tomar fuerzas en la década de 1920 en los Estados Unidos. Luego vendrían los programas de televisión y las películas de cine para proyectar la fiesta a todo el mundo. En nuestro país, recuerdo haber visto a fines de la década de 1980 las primeras publicidades de la marca Wrangler haciendo hincapié en la Noche de Brujas. La década menemista sería el momento propicio para que la fiesta se extendiera entre quienes querían vivir el Sueño Americano hasta en sus tradiciones... mientras otros vivían su propia película de terror, huyendo del desempleo y la miseria con más energía que la que pondrían para escarpar de Jason, Freddy Kruegger y demás monstruos del celuloide...

sábado, 23 de octubre de 2010

Conocer para hacer

No se puede gobernan con éxito si no se sabe a quiénes se gobierna. Para implementar las medidas de gobierno más acertadas, es condición sine qua non conocer las necesidades que atraviesa la población.
El primer censo en Buenos Aires lo llevó a cabo el virrey Juan José de Vertiz en 1778. Hay que tener en cuenta que la ciudad no existía con las dimensiones tal como la conocemos hoy. En ese año, la ciudad contaba con 24.754 habitantes.
Casi un siglo más tarde, y luego de varios conteos en distintas ciudades del interior, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se realizó el primer censo nacional.
Los argentinos eran por entonces 1.836.490, 71% de los cuales era analfabeto. Otros datos significativos son que el 75% de la población vivía en la pobreza, y que sólo el 5% era indígena...
A primera vista, este dato resulta llamativo, porque aún no se había llevado a cabo la campaña conocida como "conquista del desierto", que no era tan desierto si tenemos en cuenta que estaba habitado por sus pobladores originarios. Es más, creo que no se "conquista" un desierto, a lo sumo se lo "ocupa", pero ése es otro tema.
El porqué del porcentaje tan pequeño en la contabilización de los indígenas se responde cuando se explica que el censo "nacional" no tuvo en cuenta la zona de la patagonia ni la de las provincias de Formosa y Chaco, y parte de Santiago del Estero y norte de Santa Fe, territorios a los cuales se los calificó como "dominios indígenas".
Con los datos (parciales) en la mano, Sarmiento llevó a cabo su conocida política de fomento de la educación. Al finalizar su presidencia, 100.000 niños cursaban la escuela primaria.
Otro dato que resulta curioso es que sólo el 1% de la población era profesional. Si tenemos en cuenta que quienes gobernaban en aquella época eran los profesionales -según surge de las distintas biografías de los estadistas de fines del siglo XIX-, es fácil darse cuenta por qué se los denominaba "oligarquía" ("forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario" -definición del Diccionario de la RAE-). Con su política educativa, Sarmiento abriría las puertas a que cuatro décadas después gran cantidad de personas (ya educadas) aspiraran a cargos electivos, la ley Sáenz Peña (voto secreto, "universal" y obligatorio haría el resto).
Sin ningún lugar a dudas, el primer censo nacional tuvo la motivación de organizar las políticas de Estado en pos del bienestar de la población y el crecimiento del país. En 1960, se implementaría la obligación censal cada diez años, tan sólo como una muestra de la evolución de la sociedad en términos cuantitativos principalmente. En 2000, la crisis económica obligó a postergar un año la realización de la muestra por falta de fondos.
El censo realizado en 2001 arrojó un total de 36.260.130 habitantes. El siguiente cuadro muestra la evolución de la población (en cantidad) en los últimos 140 años:
En pocos días se llevará a cabo el décimo censo nacional, sin duda, otra oportunidad de conocer a fondo nuestra verdadera composición social. Bien utilizados, los datos que brinda un censo son la base sobre la que se deben estructurar las políticas de Estado de cara al futuro, tal como hizo Sarmiento. El censo poblacional en sí mismo no es una medida de gobierno desde el punto de vista partidista. El político que sepa leer las estadísticas será quien pueda capitalizar esos resultados. Los habitantes tenemos la obligación de responder la encuesta; los gobernantes, de hacer algo con esos datos que les proporcionamos.