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domingo, 2 de septiembre de 2012

Egipto en el corazón de Madrid

Templo de Debod, Madrid.
La capital española puede deparar muchas gratas sorpresas, por ejemplo, la posibilidad de visitar una edificación del Antiguo Egipto en plena ciudad. Se trata del Templo de Debod, ubicado en el Parque de la Montaña, a pocos metros del Palacio Real y del río Manzanares.
La construcción fue donada a España a fines de la década de 1960, en agradecimiento por la colaboración que este país ofreció en el salvamiento de los templos y tesoros arqueológicos de la región de la baja Nubia ante la amenaza de inundación provocada por la nueva presa de Asuán (el caso más conocido es la mudanza de Abu Simbel).
El templo de Debod fue erigido por iniciativa del rey meroita Adijalamani, hacia el siglo II antes de Cristo, en la isla de Filé, en la zona fronteriza al sur de Egipto, en constante disputa con el reino de Meroé.
El primer recinto fue una capilla dedicada al culto de los dioses Amón e Isis. En ella, los relieves de las paredes son unos de los pocos lugares que documentan a este monarca. Posteriormente, otros reyes de la dinastía ptolemaica fueron ampliando el templo, hasta que en época de dominación romana llegó a su máximo tamaño. En el sexto siglo de nuestra era fue abandonado, y comenzó su largo viaje al olvido, hasta que la necesidad de construir una presa más grande en Asuán lo puso en escena nuevamente.
El rescate del Templo de Debod se llevó a cabo en 1960, fue el primero en realizarse debido a la cercanía que tenía al dique, y por ende, el más expuesto a quedar bajo las aguas contenidas del Nilo. Una vez solicitada la ayuda internacional a través de la UNESCO, muchos países colaboraron de distintas formas, pero cuatro fueron los que más recursos (no sólo monetarios) destinaron al proyecto. En agradecimiento al esfuerzo realizado, Egipto decidió donar diferentes templos para que sean exhibidos en los países beneficiados. De esta manera, España recibió el Templo de Debod; Estados Unidos el de Dendur; Holanda, el de Taffa, e Italia el de Ellesiya.
Recibido en 1970, el templo se terminó de reconstruir dos años más tarde. La labor fue bastante complicada, pues la catalogación de los bloques de piedra no siempre coincidía con los pocos planos que acompañaron al templo en su viaje hacia Europa.
Entre las quejas que se pueden leer en la web, destacan las referidas a que, en realidad, lo que donó el gobierno de Nasser fueron unas piedras, pues poco quedaba de la edificación original en el siglo XX. Si bien no deja de ser cierto, corresponde aclarar que existe en arqueología una técnica llamada "anastilosis" que consiste en la reconstrucción del patrimonio arqueológico con piedras que se encuentran derribadas en el mismo yacimiento. Si bien, vale aclararlo, no fue el caso en esta ocasión, pues los faltantes de Debod -sostienen algunos- provienen de Salamanca. Quizás el agregado menos agradable (aunque sí necesario) sea la membrana con la que se cubrió la azotea (visible desde los costados del templo) para proteger de las filtraciones por lluvias el interior de la construcción.
Dicen que el lugar elegido por las autoridades madrileñas para levantar el templo responde a la ubicación con respecto al atardecer, muy similar a la que tenía en su emplazamiento original. El detalle es que fue reconstruido donde se ubicaba el Cuartel de la Montaña, sublevado en los inicios de la Guerra Civil (julio de 1936) y escenario de una sangrienta contienda fraticida, y del cual quedaban sólo ruinas.
Ruinas que taparon ruinas... tal vez el hecho más discutido en esta historia, que no opaca (por tratarse de cosas completamente diferentes) la magia de visitar esta antigua joya, y trasladarse 2.200 años al pasado sin abandonar las comodidades de la vida moderna que ofrece Madrid.


Detalle de una de las columnas del pórtico.











viernes, 9 de diciembre de 2011

En la ONU, codo a codo...

¿Qué hacemos cuando recibimos un regalo que consideramos fuera de lugar? ¿Nos enojamos con la persona que nos lo obsequia?, ¿o decimos amablemente “muchas gracias” y lo escondemos en el fondo del placard (utilizar el término “clóset” sería más apropiado para esta situación)?
Los países, como las personas, cumplen años, celebran aniversarios, etc., y también son agasajados para sus fechas especiales. Hacia 1910, cuando nuestra patria cumplía sus primeros cien años de vida institucional, muchas naciones le hicieron “regalos”. Por lo visto, la moda era regalar monumentos, pues la mayoría encargó obras conmemorativas para la ocasión. Tal es el caso del monumento a Cristóbal Colón que fue levantado en la plaza que se encuentra detrás de la Casa Rosada, hoy anexada al edificio de gobierno nacional. Otro caso fue la "Torre Monumental", mejor conocida como "La torre de los ingleses", obsequio de la Corona británica, que fue emplazada en Retiro. Nuestra Madre Patria, España, por su parte, encargó "La Carta Magna y las cuatro regiones argentinas", conocido como “Monumento a los Españoles”, que se encuentra en la intersección de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento. En la plaza Alemania, en avenida del Libertador y Cavia, se encuentra el regalo del gobierno alemán: la “Fuente de la Riqueza Agropecuaria Argentina”. Todos ellos construidos en lugares de mucho movimiento de personas, con el fin de que sean admirados por todos.
Ahora bien, la Confederación Helvética, no quiso ser menos, y también encargó a un artista el diseño y la construcción de una obra que recuerde al mundo cuán cercanos estaban los dos países… El boceto presentado al concurso por Paul Amlehn "La poésie du tir" (por el emblemático deporte suizo) fue el ganador. En 1913, se embarcaron 76 cajas con un peso total de 56 toneladas en el vapor "Rheinfeld". Y en junio de 1914 se inauguró el monumento realizado en granito y bronce, al lado del Tiro Federal, en el Parque Tres de Febrero. Cuando el club se mudó a Núñez, la obra fue desplazada hasta su ubicación actual, en la avenida Dorrego, en el poco transitado tramo entre las avenidas Figueroa Alcorta hasta Lugones. En la actualidad, una pasarela formada por los escudos de los 26 cantones que conforman la República Suiza nos guiía hasta la obra.
El monumento en cuestión se llama “Argentina y Suiza, unidas sobre el mundo”. Y tal como su nombre indica, ambas naciones están “unidas”, pues están con las manos entrelazadas y dándose un tierno beso en la boca.
No resulta difícil imaginar el revuelo que debió haber causado tamaña desfachatez. Pero, por otro lado, cómo rechazar el regalo de uno de los países más poderosos y ricos del orbe. Pequeña encrucijada encontró la recta moral nacional con semejante regalo. No existen muchos datos fehacientes. Según el periodista Germinal Nogués ("Buenos Aires, ciudad secreta", página 630), el monumento se inauguró en 1942, con lo cual supongo que se refiere en su actual ubicación, pues la información oficial no coincide con este dato.
Pero no es el único dato que no coincide, y poco se dice sobre la obra en internet, y en catálogos oficiales. Según la placa que está en el monumento, el escultor es Paul Amlehn, mientras que para el Departamento de Monumentos y Obras de Arte de la ciudad el nombre correspondiente es Franz Sales Amlehn (también para Nogués). Para este Departamento estatal, el muchacho con arco que corona el monumento representa al amor (dato que, unido a la escultura de las chicas, no deja de ser significativo) y para la comunidad suiza representa al tiro, su deporte característico. También vale aclarar el error que hay en el monumento, que expresa que es un regalo en reconocimiento por el centenario de la independencia, y la fecha que figura en 1910.
Muchas dudas y poca información, los ingredientes ideales para crear un mito, como podría ser que Buenos Aires tuvo su monumento al amor lésbico hace casi un siglo, cien años antes de la sanción del matrimonio igualitario... Probablemente no haya sido la intención original, pero sí hay algo claro, y es que fue confinado a una zona de poco tránsito, con lo cual, es probable que la interpretación local haya sido esta misma.




sábado, 25 de diciembre de 2010

El monumento más antiguo de Buenos Aires

Buenos Aires es una ciudad joven (históricamente hablando, claro está), pues no llega a 500 años de vida. Si tuviésemos que arriesgar una respuesta sobre cuál el monumento más antiguo que posee, podríamos aventurar hipótesis tales como el Cabildo, la vieja Aduana (que se encuentra debajo de la Casa de Gobierno), la Iglesia de San Ignacio (el templo más antiguo), etc. Y no estaría mal pensar así, si desconocemos que el monumento al que hacemos mención no sólo no fue construido en estas latitudes, sino que, además, tiene más de 2.000 años sobre la tierra.
En efecto, a mediados de la década de 1955, la Municipalidad de Roma donó una columna que extrajeron de las excavaciones que realizaban en donde se encontraba el Foro Romano (en este lugar se realizaban los intercambios comerciales, allí también se celebraban los actos políticos y judiciales, su importancia radica en que se encontraba en un lugar clave, en la encrucijada de las principales vías de la ciudad).
La columna romana de casi 1,90 metros de altura y 55 centímetros de díametro se emplazó, en principio, en Av. del Libertador y Luis María Campos, pero en septiembre de 1984 se decidió trasladarla a la más "apropiada" Plaza Italia, junto al enorme monumento al político y militar italiano Giussepe Garibaldi (réplica del erigido en Brescia, Italia).
Como cualquier monumento, en alguna época la columna tuvo su placa de bronce (tal como se ve en  la foto), que luego fue saqueada, como la mayoría de las placas que se encontraban diseminadas por Buenos Aires, para ser vendidas en el mercado negro y fundidas. Ella decía: "De la Ciudad de Roma a la Ciudad de Buenos Aires en simbólico testimonio de amistad fraternal". 
Un regalo muy valioso que pasa completamente inadvertido en uno de los lugares más concurridos de Buenos Aires, y que, además, no cuesta nada visitar.
Antiguo Foro Romano