jueves, 2 de mayo de 2013

Sopa de dioses, todos los días...


Los usamos y repetimos hasta el cansancio todo el tiempo, y hasta tenemos nuestros preferidos, y sin embargo desconocemos su procedencia. Se trata de los nombres de los días de la semana. ¿De dónde provienen? ¿Por qué se denominan de esa manera?
Vale aclarar que la semana no tuvo siempre siete días, y que esta convención proviene de los romanos y su calendario lunar (se guiaba por los ciclos del astro de 28 días). Dicho esto, empecemos a desmenuzar cada día, para conocer el origen de sus nombres.
El domingo arrastra su nombre de la Iglesia Católica, pues proviene de dominicus dies, que significa “día de Dios”. Sin embargo, se podría decir que no se diferencia mucho de las formas antiguas, y que en los idiomas anglosajones se mantiene. Antiguamente, era el día dedicado al Sol (como deidad) y se llamaba dies solis en latín, y hemera heliou en griego. En inglés, aún hoy se llama sunday (en tanto en alemán es sonntag -sonne es sol-, y sunnundarg en noruego).
Si avanzamos en la semana, el lunes debe su nombre a la Luna, y proviene del latín lunæ dies. En griego, era hemera selenes (recordemos que Selene es el nombre de una antigua diosa lunar). En las lenguas anglosajonas, en inglés es monday (apócope de moon day); montag en alemán, y maandag en holandés. En los otros idiomas latinos, tenemos que en Italia se llama lunedi, mientras que en francés se denomina lundi.
Marte y Venus-
Continuando con nuestra semana lingüística, no caben dudas de que el martes es el día en honor al dios romano de la guerra (Marte, martis dies). En Francia, se dice mardi, mientras que en Italia es martedi. En griego, en cambio, el dios que regía las batallas era Ares, y en la península helénica martes se decía hemera areos. Ahora bien, en principio aquí se desbarataría la unión que tiene el tema de los nombres de los días entre las lenguas latinas y anglosajonas. Sin embargo, debemos decir que tuesday en el antiguo inglés era tiwesdæg, y si bien eso no nos dice mucho, Tiwes era el dios del aire para los primitivos germanos, y Tiu el dios de la guerra en pueblos más cercanos a nuestra era, también en la zona de la actual Alemania. Así llegamos al actual tuesday del inglés; tisdag del sueco, y tisdarg del noruego.
Poco a poco hemos llegado al miércoles, la jornada que homenajea al dios Mercurio (mensajero de los dioses, quien por sus sandalias aladas podía recorrer enormes distancias en poco tiempo, luego sería tomado también por el comercio), pues su nombre en latín es mercurii dies. En griego, se llamaba hemera hermou (por Hermes, el dios mensajero para los helenos). En italiano es mercoledi, mientras en que francés se dice mercredi. En los idiomas sajones, tenemos que wednesday es en inglés, y deriva de antiguo inglés wodnesdaeg (literalmente Woden’s day). Woden es un dios de las culturas protogermánicas, relacionado con el escandinavo Odín. De estas dos deidades toma el miércoles su nombre en los diferentes idiomas sajones, salvo en el alemán que trocara a mittwoch, que significa mitad de semana.
Al dios romano Júpiter le tocó en gracia el jueves. Y todos sabemos que su paralelo griego es Zeus. En el idioma heleno, pues, se nombraba a este día como hemera theo, algo así como el "día del Dios", siendo que Zeus era el supremo griego. En las correlatividades con el panteón universal, Júpiter tiene el mismo escalafón que el germano Thor. Y es de aquí que se derivan los “jueves” en los idiomas anglosajones: el actual thursday proviene del antiguo inglés ƥurresdaeg, probablemente una derivación del ƥurnesdaeg (día de Thor). Sabemos que thor es el dios del trueno, y con esto llegamos a donnerstag, que es el “día del trueno” (literalmente jueves en la lengua germana).
Y si de dioses hablamos, no podrían estar ausentes las representantes del amor… Es así que viernes deriva de Venus (dies veneris), diosa romana encargada en el tema. Afrodita tiene su parte en Grecia con el hemera Aphrodite. Por su parte, el antiguo inglés llamaba a este día frigedaeg que significaba “Frigga’s day”, en honor a una de las tres esposas de Odín (Frigg) que representa el amor, el matrimonio, la tierra cultivada, entre otras cuestiones siempre relacionadas con la fertilidad. Algunos sostienen que, en realidad, la diosa germana Freya estaría más relacionada con Venus que la mismísima Frigg, y que de ella se deriva el alemán freitag, y que de allí proviene el inglés actual friday.
Este largo recorrido de la semana culmina con el sábado, otro día complicado para hallar correlaciones directas, aunque las tenga. El español “sábado” proviene según el Diccionario de la Real Academia Española del latín biblíco sabbatum, que a su vez deriva del griego, que es tomado del hebreo Sabbat, y éste del acadio sabattum, y significa “descanso”. Probablemente porque haya sido el día en que el dios católico descansó, luego de crear al mundo (en siete días). En griego, el sábado era llamado hemera kronos, por el titán Cronos, quien fue equiparado al dios romano Saturno. En latín, el sábado era llamado (antes de la injerencia cristiana) saturnii dies. En inglés, por ejemplo, es saturday, y este vocablo proviene del inglés antiguo sæterdaeg (día de Saturno). En holandés, es zaterdag, por citar un caso más.
La semana portuguesa merece un párrafo aparte, pues a diferencia de los ejemplos que hemos visto, en este idioma sólo dejan relacionados los fines de semana (sábado y domingo), pero en los demás días optaron por denominarlos a su modo como segunda, terça, cuarta y quinta feiras, según su orden con respecto al comienzo de la semana. Y lo mismo ocurre con el griego actual donde los días de la semana son: deftéra (défteros: segundo), triti (trítos: tercero), tetárti (tétartos: cuarto), pemti (pémtos: quinto) y paraskeví (que a diferencia del portugués no proviene de sexto [éctos], sino que significa “día de la preparación”). En tanto, los del fin de semana son: sávato y kiriakí (derivado de kirios: Señor).
Esto es sólo una pequeña muestra de la extensa red que se ha ido tejiendo entre las diferentes culturas para denominar a los días de la semana. Intentar abarcar a todos los idiomas a lo largo de la historia sería imposible, al menos si buscase hacerlo sólo en siete días…

miércoles, 13 de marzo de 2013

¿Quo nomine vis vocari?... Vocabor Franciscus...

Presentación en la web del Vaticano del nuevo Papa.
Y la fumata fue blanca... Luego de un par de días de votaciones, el Colegio Cardinalicio se puso de acuerdo, y entronizó como cabeza de la Iglesia Católica al cardenal argentino Monseñor Jorge Bergoglio.
Como es costumbre, el elegido cambió su nombre secular, y optó por "Franciscus" (por protocolo, oficialmente el nombre del papa se inscribe en latín). El cambio de apelativo tiene una razón, la "despersonalización" de quien hasta ese momento era un hombre al servicio de su congregación, para transformarse en el sucesor de san Pedro, el representante de Dios en la tierra... todo un simbolismo.
Algunos indican que la medida tiene su raíz en que, según la Biblia, Dios le cambió el nombre a Shimon, cuando le encomendó la tarea de congregar fieles con las palabras "tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia". No obstante, las crónicas señalan que los papas solían mantener en los primeros siglos sus nombres de pila.
El primero en repetir un apelativo (por casualidad del bautismo) fue Sixto II, quien tomara las riendas de la Iglesia en el año 257. Algunos elegidos decidieron modificar sus nombres adrede, dado que los mísmos hacían referencia a dioses paganos, como fue el caso de Mercurius, un romano ungido pontífice en el año 533. Cinco papas, a su turno, lo imitaron en esta elección personal.
Fue a partir del 996 que esta práctica se torna costumbre, en ese año, Bruno de Carintia adopta el apelativo "Gregorio V".
Entre las elecciones de nombres, hay algunos que destacan por la preferencia y otros que no se han reiterado nunca. Así, por ejemplo, la Iglesia ha sido conducida sólo una vez por un Hilario (461-468); un Símmaco (498-514); un Sabiniano (604-606), entre otros con apelativos al menos muy llamativos en la actualidad.
Por otra parte, el ranking de los preferidos lo encabeza, por lejos, Juan (23 veces). Le siguen: Gregorio y Benedicto (16 veces), Clemente (14); León e Inocencio (13), y Pío (12), entre los más populares.
El primer cardenal en adoptar un nombre compuesto fue Albino Luciani quien en 1978 pidió llamarse Juan Pablo (en honor a sus antecesores inmediatos Juan XXIII y Pablo VI). Como era la primera vez que se utilizaba, no llevaba número, pues era el único pontífice en la historia en llamarse así. Todo cambió cuando muere 33 días luego de ser ungido papa, y su sucesor elige también Juan Pablo como apelativo, comenzando a ser diferenciados como I y II, respectivamente.
Esa es la razón de por qué Bergoglio es sólo Francisco, y no Francisco I, como se lo está nombrando en la prensa.
Es de suponer que la elección del nombre realizada por el cardenal argentino se deba a san Francisco de Asís. En caso de ser ésta la razón, sería un mensaje simbólico (de austeridad) sobre el rumbo que le impondrá a su pontificado. Nada mal para una institución religiosa que atraviesa una de sus peores crisis de los últimos siglos, y necesita un cambio urgente.
Sic Deus audivet Franciscus...

lunes, 11 de marzo de 2013

El Cónclave más largo de la historia


En las próximas horas se iniciará el Cónclave que elegirá al próximo sumo pontífice, cabeza de la Iglesia Católica.
Según puede leerse en la prensa, parece estar todo milimétricamente organizado, y hasta se supone que no existirá Sede Vacante más allá del próximo fin de semana. Sin embargo, no siempre fue así.
Tras la muerte de Clemente IV en 1268, los encargados de elegir a su sucesor se reunieron en el Palacio Episcopal de Viterbo. Las internas y las luchas políticas (principalmente entre Francia y algunos reinos italianos, y las propias intestinas del catolicismo) convertirían a esta elección en la más larga de la historia… duró 34 meses.
En aquella época, los encargados de votar no tenían obligación de recluirse durante el período de elección. Fue al ver que el tiempo pasaba y no se llegaba a una decisión, que los magistrados de la ciudad encerraron a los cardenales para evitar que se distrajeran con otras tareas. Y a partir de ese momento, sería una práctica habitual que le terminaría dando nombre a las reuniones de cardenales: cónclave (del latín “con llave”).
Pero esta medida tampoco surtió efecto, y pasados unos meses los magistrados fueron por más: le destrozaron el techo al recinto del palacio episcopal donde se encontraban los sacerdotes, para que las inclemencias del tiempo aportaran la premura que les faltaba, y por si fuera poco, les racionaron los alimentos. Paralelamente, los reyes de Sicilia y Francia llegaron a un acuerdo por el que se decidió que el número de electores debía reducirse aun más (ya tres habían muerto por causas naturales durante esos años), entonces los cardenales reunidos designaron a seis representantes que serían los encargados de elegir al nuevo pontífice.
Gregorio X.
Al fin, el 1 de septiembre de 1271 se designa a Teobaldo Visconti como nuevo Papa (el 184°)… lo curioso es que Visconti era arcediano de Lieja. Sí, tres años reunidos y el elegido ni siquiera era sacerdote, pues un arcediano es un ministro de la iglesia de grado segundo en dignidad, inmediato al sacerdocio. Visconti se encontraba en Oriente (en la actual ciudad de Acre) participando de una peregrinación a Tierra Santa, por lo que llegó a Viterbo recién en febrero de 1272. Tuvo que ser ordenado sacerdote, y aceptó la dignidad de cabeza de la Iglesia con el nombre de Gregorio X.
Durante su papado (1272-1276), logró una efímera unión entre la iglesia de Oriente y Occidente, mediante el II Concilio de Lyon.
Este “cónclave” fue el puntapié inicial a las regulaciones que se fueron imponiendo hasta nuestros días para elegir al sucesor de san Pedro, con el fin de evitar dilaciones como las de aquella elección en la Edad Media.




sábado, 12 de enero de 2013

Crónica de un terremoto anunciado (Sevilla, 1504)


Nadie discute en pleno siglo XXI que el planeta Tierra está recubierto con placas tectónicas que se encuentran en constante movimiento, ni desconocemos cómo se generan esos desplazamientos, comúnmente conocidos como terremotos. Sabemos también que se han producido desde hace millones de años, aunque son pocas las crónicas detalladas que existen de estos fenómenos en la Antigüedad, ya sea por falta de medios para registrarlas o porque el paso del tiempo se ha encargado de destruirlas.

Portadilla del libro.
Navegando en la Web, di con un libro llamado “Historia de Sevilla” (que data de 1587), y que ha sido digitalizado por Google. Allí, su autor, Alonso Morgado, autodenominado “indigno sacerdote”, recoge el testimonio de un pergamino guardado en la “Sancta Iglesia Mayor” de Sevilla, en el cual se relata un seísmo producido en esta provincia española en 1504 (el epicentro fue la ciudad de Carmona, distante a 28 km de Sevilla).

Resulta muy interesante la crónica del suceso y la reacción de los pobladores. Bajo el título “Terrible y espantoso terremoto y temblor de tierra en Sevilla, y en otras muchas partes, y alrededores de su Comarca”, comienza citando Morgado que: “En el año del Señor de mil y quinientos y quatro, en la Indicion septima, en la ciudad de Sevilla, Viernes Sancto, cinco dias de Abril, casi a la hora de Tercia después de salido el Sol, como a las nueve del dia. Siendo Sumo Pontifice Iulio Segundo, y Arçobispo de Sevilla Don Iuan de Çuñiga Maestre, que fue de la Orden, y Cavalleria de Alcantara, y agora es Presbitero Cardenal Titulo de Sancta Anastasia. Y reynando en las Españas, en Sicilia, y en Cerdeña los Christianissimos Reyes Don Fernando, y Doña Isabel, quando el Clero, y todo el Pueblo estavan en los divinos oficios en esta, y en todas las de mas Iglesias, y Monasterios desta dicha ciudad, y el Cielo claro y sereno, se vio repentinamente, levantarse vn tan cruel, y terrible Terremoto, que estremeció toda la ciudad. Y de tal manera, se vieron remover, y temblar todos sus edificios de Templos, y de casas, como si verdaderamente estuvieran pendientes en el ayre”.

Continúa el cronista describiendo: “Andavan assi hombres, como mugeres assombrados, atonitos, y fuera de si, y llenos de vn divino temor por la muerte, que vian al ojo. Y hiriendo sus pechos con grandes clamores, llamavan a Dios, y a la benditissima virgen sancta Maria su madre preciosa, invocando su misericordia, y divino favor”.

El comportamiento de los animales también fue reflejado en aquel pergamino: “Por otra parte los atemorizavan del todo los temerosos, y dissonantes bramidos de las Bestias, y Animalias, los tristes balidos de las Ovejas, y los aullidos de los Perros. Las Lechuzas, y las de mas Aves nocturnas desamparando sus nidos, y covachas, se vian andar contra su naturaleza, rebolando en medio del dia”.

Continúa Morgado contando que el pergamino señala que el río también tuvo su protagonismo, pues: “el rio Guadalquivir con sus Naos, y toda su Flota se vio diferentes vezes tan fuera de madre, que atemorizó por su parte toda la gente de Sevilla, juzgandose ya en el vltimo, final dia del juyzio”.

Fue tal la fuerza del seísmo, que según el pergamino “se vio la Torre de la Sancta Iglesia Mayor removerse, y temblar de tal manera, que de suyo cinco, y mas vezes se tañeros las Campanas […] Y romperse, y abrirse tambien por medio las Peñas, y las Breñas exalando de si vn vapor muy espesso todo mezclado con ceniza, que dexava encenizados los arboles, y toda la tierra. Y que fue tal la tempestad, y grandes lluvias, que rebalsaron las Villas Carmona, Cantillana, Villanueva, y Lora. Cuyas Fortalezas, y mayores edificios se rompieron, hiriendo, y matando mucha gente…”.

Los sevillanos huyeron, pues, al campo y despoblados, dejando en sus casas oro y plata, según el texto que cita Morgado, debido al pánico que tenían por lo que interpretaban como la llegada del fin del mundo.
Meses más tarde, otro terremoto sacudió la zona, y también fue registrado por el cronista en dicho pergamino: “Tambien en dia Viernes veynte y vno del mes de Iunio del mismo año, como a las onze de la noche tembló otra vez la tierra, y por tres, o quatro vezes se estremecio terriblemente, y aunque este segundo Temblor no hizo el estrago, ni derribó los edificios de Sevilla, como la vez primera, a lo menos renovó, y refrescó de tal manera el no bien asegurado temor de lo pasado, que todas las gentes de Sevilla temiendo les amenazava otro semejante Terremoto, turbadas, escandalizadas, y llenas de pavor, ocurrieron en aquella hora de media noche a los Templos. Adonde con humildes oraciones clamaban a Dios, implorando su divino auxilio”.

Finaliza el cronista diciendo: “Muchos uvo, que antes que sucediesse este terrible Terremoto, lo anunciaron. Empero (dize este testimonio) lo que dexamos referido, es lo que todos vimos, y sentimos”.

Es sabido que todos estos fenómenos naturales de causas desconocidas (en esa época lo eran), además del miedo, generaban malos presagios. Este caso no fue una excepción, pues relata Morgado que el terremoto “conforme al juyzio de los mejores Astrologos, pronosticava muerte, y fallecimiento de algun Principe Christianissimo”. Hoy contamos con más conocimientos, y sabemos que esto no es así… aunque justo es decir que el 26 de noviembre ese mismo año (1504) en la ciudad de Medina del Campo, la reina Isabel “La Católica” fallecía a los 55 años… Un dato, al menos, curioso…

(Se ha respetado fielmente el castellano utilizado en el texto.)

jueves, 29 de noviembre de 2012

90 años de reinado desde el más allá...


Tutankamón es sin lugar a dudas el faraón más conocido de la historia de Egipto, y sin embargo, su vida no fue relevante desde el punto de vista político ni tampoco en lo que hace a infraestructura de obra. Sí hay que reconocerle que fue parte de la recuperación del antiguo panteón religioso que el faraón Akenatón enterrara cuando decidió cambiar el culto a Amón por el de Atón.
Probablemente, este joven rey de Egipto no tuviera tiempo de desarrollar políticas de Estado significativas debido a su corta edad (se hizo cargo del gobierno a los 8/10 años de vida, y murió antes de los 20 años).
La razón por la que hoy en día es el faraón más reconocido cumple este mes 90 años: se trata del descubrimiento de su tumba, ocurrida el 4 de noviembre de 1922. En esa fecha, la expedición comandada por el inglés Howard Carter y financiada por Lord George Herbert, quinto conde de Carnarvon (conocido como Lord Carnarvon), cuando ya se daba por vencida, realiza un descubrimiento que abriría un nuevo camino en la historia de la egiptología y de la arqueología en general.
Dicen que fue un niño que había en la excavación el que dio cuenta de una grieta extraña en la piedra, y que a partir de ese momento, el trabajo de investigación se revitalizó, al punto de que veinte días más tarde estaban realizando el anuncio que asombraría al mundo.
Según la egiptóloga británica Joyce Tyldesley, el hallazgo tuvo gran repercusión debido a que “el mundo se recuperaba de la Gran Guerra y la devastadora epidemia de gripe que la siguió. Eso llevó a un gran interés por la religión y la vida espiritual, que de alguna manera se transfirió a Tutankamón. Al mismo tiempo fue la primera expedición que se llevó a cabo frente a los ojos de los medios de comunicación: era posible saber lo que ocurría en el Valle de los Reyes casi al mismo tiempo que se iban produciendo los hallazgos en la tumba” (diario El País, España, 2/11/12).
Más allá de esto, que es muy significativo, el descubrimiento de una tumba egipcia intacta fue lo que marcó la gran diferencia. Por alguna razón, la eterna morada del joven faraón logró pasar inadvertida para los saqueadores de tumbas que solían hacer oídos sordos a las maldiciones que se estilaba esculpir en la piedra para quienes osaran interrumpir la paz del gobernante muerto, y vaciaban los sepulcros sin ningún tipo de miramiento.
Ha pasado a la historia la frase de Carter al asomarse por primera vez a ese mundo enterrado por miles de años: “Veo cosas maravillosas”… y sin duda lo eran. La tumba contenía toda clase de objetos que habían pertenecido al joven gobernante, y todos ellos valiosos.
Y si bien el hallazgo de los tesoros completos del faraón son el principal motivo de que el nombre de Tutankamón entrara en la historia de la arqueología por la puerta grande, las mencionadas maldiciones hicieron lo propio para el mundo de la literatura y el cine, y convirtieron al rey y a toda su antigua cultura en fuente inagotable de recursos que multiplicaron su nombre hasta el infinito. Las muertes que sucedieron luego del descubrimiento de la mastaba en el Valle de los Reyes abonaron con fuerza las teorías esotéricas.
Tutankamón tuvo un corto mandato en vida, pero tal vez como premio por restablecer el culto a Amón, los dioses lo premiaron con un reinado más allá de la muerte, que ya lleva 90 años y, al parecer, no pierde vigencia.

Foto: www.historiayarqueologia.com

domingo, 7 de octubre de 2012

La Batalla de la Escalera (Madrid, 1841)

"Asalto de Diego de León al Palacio Real de Madrid", Museo de Romántico de Madrid.

El ser humano libra batallas desde que el mundo es mundo, y han sido tantas a lo largo de la historia que resultan miles las razones, las duraciones y los lugares por las que pudieran catalogarse con la idea de lograr su ordenamiento. De las que he tomado conocimiento hasta ahora, me ha sorprendido una en especial, por el escenario en el que se desarrolló.
Probablemente no sea una "batalla" en sí, sino una rebelión, pero así, al menos, la menciona en la Guía del Palacio (pág. 26). El hecho ocurrió hace exactamente 171 años (7 de octubre de 1841), en la escalinata realizada por el siciliano Francisco Sabatini en el ingreso al Palacio Real español (de Madrid).
Durante la década de 1830, España había vivido agitada por enfrentamientos políticos internos, derivados de la lucha por el trono, del afianzamiento de nuevas ideas políticas y de la convicción de las partes en que cada una de ellas tenía la mejor solución (como suele suceder en estos casos).
La noche del 7 de octubre de 1841, un grupo de soldados comandados por el general Diego de León, redujo a la guardia del Palacio de Oriente, e ingresó por la entrada principal con la misión de raptar a la futura reina de España, Isabel. Superiores en número a los alabarderos del Palacio, y convencidos de que éstos no opondrían resistencia al asalto, llegaron a las escaleras que conducían al corazón del Palacio.
Puerta principal por donde ingresaron las tropas de Diego de León.
Los planes fallaron, y los pocos alabarderos, comandados por el general Dulce Garay, hicieron frente a la tropa que intentaba ingresar a las habitaciones reales.
El enfrentamiento, completamente desigual en número aunque parejo en valentía, se extendió durante varias horas en las escalinatas de mármol, y ante la imposibilidad de consolidar un avance y la suposición de que el general Espartero (regente de gobierno) ya habría solicitado refuerzos para la defensa del palacio, en la madrugada del 8 de octubre, el grupo de asalto emprendió la retirada. Al ver el general Diego de León que era perseguido por un grupo de húsares, decidió entregarse. Fue sometido al Consejo de Guerra, y condenado a muerte por atentar contra la Reina. Al amanecer del 15 de octubre, y desoyendo los pedidos de clemencia hasta de la mismísima Reina (su regente Espartero hizo caso omiso), el general Diego de León fue fusilado junto a la Puerta de Toledo.
Hasta aquí los hechos crudos, sin embargo, la historia se remonta a muchos años antes. El Rey que fue origen de todo esto es nuestro conocido (en América Latina) Fernando VII, quien, luego de tres matrimonios que no le dejaran descendencia, contrae nupcias con María Cristina de Borbón en 1829. Esta vez, engendró dos hijas (Isabel y Luisa Fernanda). En 1830, el Rey promulga una antigua ley, la Pragmática Sanción, que establecía que en caso de que el monarca falleciera sin descendencia de varones, heredaría el trono la primera hija mujer. Fue entonces cuando el hermano del Rey, el infante Carlos, vio perdidas sus ilusiones de hacerse del Trono Español. A partir de allí, ya fallecido Fernando VII (1833), tienen lugar las guerras carlistas, por las que el hermano del Rey (desplazado en sus aspiraciones) intenta hacer valer lo que considera su derecho. Es en ese momento que un joven soldado demuestra su valor e hidalguía en el campo de batalla, en defensa de la regente María Cristina (madre de Isabel). Finalizadas las guerras, y enfrentada también a luchas ideológicas entre liberales moderados, progresistas y carlistas, María Cristina fue "convencida" por las Cortes de que compartiera la regencia con el general Baldomero Espartero, quien había sellado la paz con los carlistas. En breve tiempo, María Cristina fue desplazada de la regencia, quedando Espartero a cargo del gobierno y del cuidado de la Reina hasta que cumpliera la mayoría de edad.
La "batalla de la escalera" se produce porque las tropas leales a María Cristina buscaban raptar a la Reina, pero para llevarla con su madre que había tenido que irse al norte de España. No buscaban más que eso, pero no dio resultado. Fusilado De León, Espartero logró mantenerse en el cargo por dos años más, pero en 1843 fue desplazado por esas mismas internas políticas que lo habían encumbrado. La Reina fue declarada mayor de edad, y con 13 años asumió las responsabilidades del gobierno.
Llama la atención, en pleno siglo XXI, la actitud del general Diego de León, quien con 31 años y un futuro promisorio -pues luego de su desempeño en las guerras carlistas era considerado poco menos que un héroe-, eligió entregarse y hacerse cargo de sus actos, aun a sabiendas de que se le iba la vida en eso. La madrugada previa a su fusilamiento le escribió una carta a su esposa en la que le pedía que lo ayudara a enfrentar sus últimas horas con la valentía con la que había vivido, y argumenta que "la muerte menos temida, da más vida".  Dicen que enfrentó con su uniforme de gala y condecoraciones a sus antiguos soldados encargados de gatillar contra su general, dicen que los miró a los ojos, y él mismo dio la orden, dicen que sus últimas palabras fueron: "que no les tiemble el pulso... al corazón".


domingo, 16 de septiembre de 2012

La curiosa historia de la Casa Rosada



Es la sede del gobierno nacional de la República Argentina, y su evolución arquitectónica bien podría compararse con la historia política del país. Erigida en el lugar que ocupara el antiguo fuerte precolonial, su desarrollo fue por demás desprolijo, y ha pasado por distintos estadios hasta llegar al edificio que conocemos en nuestros días.
Pocos años después de la segunda fundación de Buenos Aires, se levantó sobre las barrancas que asomaban al Río de la Plata la “Real Fortaleza de don Juan Baltasar de Austria”. Con el tiempo, se le agregó un murallón con torreones salientes en sus cuatro ángulos y hasta puente levadizo. Además, se la rodeó de un foso. Hacia el siglo XVIII, con su fisonomía ya asentada, cambió su nombre por “Castillo de san Miguel” (ya que se lo había encomendado a la “protección” de este santo). Al crearse el Virreinato (1776), se reforma la residencia de los gobernadores dentro del fuerte, y se la convierte en “palacio virreinal”. El fuerte fue sede de gobierno desde su origen, salvo durante el mandato de Rosas, quien lo usó para la reserva de tropas.
A medida que crecía el Virreinato, y luego de 1810, la Confederación, la sede de gobierno era modificada, y refaccionada; se derrumbaban distintas secciones del fuerte y se buscaba modernizar el lugar. En 1820, por ejemplo, el presidente Rivadavia sustituyó el puente levadizo por un portón de estilo neoclásico.
Hacia 1855, se construyó detrás del fuerte la Aduana Nueva, conocida también con el nombre del ingeniero inglés que se encargó del proyecto (Aduana de Taylor). Cuarenta años más tarde dejaría de funcionar, para dar paso al proyecto conocido como Puerto Madero (también en honor a su creador, Eduardo Madero), construido sobre terrenos ganados al río.
Durante su presidencia (1868-1874), Domingo Faustino Sarmiento se mostró particularmente interesado en la comunicación, probablemente porque la interpretaba como un símbolo de desarrollo, que tanto le preocupaba. Además del conocido impulso a la educación, fue en su gobierno que la actividad postal tuvo un importante crecimiento. El 5 de octubre de 1872 se dicta la ley 556, por medio de la cual se expresaba la necesidad de construir oficinas de correo en todo el país y una sede principal, que estaría ubicada en la esquina suroeste que había ocupado el antiguo fuerte, al lado de la casa de gobierno. La proximidad de ambos edificios da una idea del rol destacado que tenía la actividad para el gobierno de Sarmiento. La construcción de la “Casa de Correos y Telégrafos” estuvo a cargo del arquitecto sueco Carl Kihlberg.
Si bien durante la presidencia de Sarmiento también se reacondicionó el antiguo “palacio virreinal” (por ejemplo, es de esta época que toma el color rosado que le daría su nombre), el contraste entre el flamante edificio de correos y la sede del gobierno nacional era muy grande. Fue Julio Argentino Roca, durante su primer mandato (1880-1886), quien encarga al arquitecto sueco Henrik Aberg la construcción de la nueva casa de gobierno sobre la esquina noroeste del antiguo fuerte, con la premisa de que mantuviera similares líneas arquitectónicas con la Casa de Correos y Telégrafos, que tan buen impacto había producido en la población. Hacia 1884, se podían ver dos casas similares (no iguales, pues la de gobierno tenía balcones que la de correos no poseía) separadas por una pequeña calle, al fondo de la cual se divisaba la vieja casa virreinal.
Vista de la casa virreinal y al fondo el edificio de correos.
La República Argentina continuaba creciendo, y con ella, las necesidades administrativas del gobierno nacional. Para solucionar este tema, se decidió anexar el edificio de correos al palacio gubernamental, pero no sólo en lo que hace a tareas, sino también arquitectónicamente. El proyecto fue encomendado al arquitecto italiano Francisco Tamburini, quien ideó un gran arco de triunfo para unir ambas fincas, con la idea de que fuera utilizado como puerta principal de acceso. Además de cerrar completamente la manzana con una construcción de estilo italiano, una gran fachada de cara al río y la explanada en el lado norte. El edificio de correos se trasladó entonces a la esquina de Bolívar y Moreno, y la casa virreinal fue demolida por completo, proyectándose en su lugar el conocido “Patio de las Palmeras”.
Con la obra de Tamburini se hizo notoria una mínima diferencia de altura existente entre los dos edificios, la cual quedó plasmada en la irregularidad que presenta la unión de la ménsula de la otrora Casa de Correos con la del arco correspondiente a Balcarce 50. Además, en el agregado realizado por el lado norte (el de la explanada) también se puede ver cierta “desprolijidad” en la unión con la casa de gobierno construida por Aberg.
Irregularidad en la unión de ménsulas.
Otra desprolijidad en la obra de Tamburini.
Tanto el edificio de Kihlberg como el de Aberg tenían techos de mansardas que se mantuvieron hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando se cambiaron por planchas de cobre. Desde 1891, la fachada este se encuentra presidida por el grupo escultórico “Las artes, la ciencia y el trabajo coronan la República”, obra del artista italiano Achille Bianchi.
La casa de gobierno está edificada sobre una barranca, lo cual hace que la fachada del lado oeste cuente con tres pisos, mientras que la del este presenta cuatro niveles.
Durante la presidencia de Roque Sáenz Peña (1910-1914), la sede de gobierno fue utilizada también como vivienda por el primer mandatario, pues una enfermedad que lo aquejaba lo imposibilitaba para trasladarse con comodidad. Sáenz Peña fue el único presidente que vivió en Balcarce 50 (como también se denomina a la Casa Rosada, aunque ya no sea la dirección de ingreso oficial). Remodeló, pues, el lado noreste, donde fijó su residencia. Las modificaciones edilicias, que incluían un jardín de invierno, estuvieron a cargo del arquitecto francés Norbert Maillart (autor también de la sede de Tribunales, el Colegio Nacional de Buenos Aires y el Palacio del Correo, las dos últimas con la colaboración del ruso Jaques Spolsky).
El predio que ocupara la antigua Aduana de Taylor se transformó en un parque que también fue modificado con el paso de los años. El proyecto original estuvo a cargo del paisajista Carlos Thays y fue inaugurado en octubre de 1904. En 1921, se terminó el monumento a Cristobal Colón, esculpido en mármol de carrara por el artista Arnaldo Zocchi, donado por el gobierno italiano en reconocimiento a los festejos del Centenario (1910).
Hacia finales de la presidencia del radical Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), se decidió ampliar las oficinas de la casa de gobierno, y se avanzó sobre el sector que había modificado Sáenz Peña, por lo cual se perdieron el jardín de invierno y una galería en planta baja, entre otras cosas.
No obstante, la metamorfosis de la sede administrativa nacional no sólo no termina ahí, sino que le aguardaban los retrocesos más grandes y violentos. En 1937, el presidente Agustín P. Justo firmó el certificado de defunción de la Casa Rosada cuando ordenó su demolición con el fin de que se viera el río desde la Plaza de Mayo. La idea era mudar la sede gubernamental a otro edificio. En cumplimiento de la orden del primer mandatario, se comenzó a derribar la construcción por su lado sur. Con las elecciones y el cambio de gobierno, el nuevo presidente (Roberto Marcelino Ortiz) detuvo la destrucción. A pesar de eso, ya se habían perdido diecisiete metros de la antigua Casa de Correos.
El 21 de mayo de 1942 se dictó el decreto 120.412, por el cual se declaraba monumento histórico nacional a la casa de gobierno, entre otros edificios históricos de la zona, como la Catedral Metropolitana, las ruinas de la Aduana de Taylor (que habían sido descubiertas en excavaciones realizadas con otros fines ese mismo año -tengamos en cuenta que al dejar de funcionar, se rellenó el lugar para avanzar y ganar tierra al río-), etc.
Destrozos provocados por el bombardeo. Al fondo, el actual Ministerio de Economía.
Sin embargo, la decisión de Ortiz no liberaría a la Casa Rosada de otro ataque, esta vez completamente irracional, que se produjo el 16 de junio de 1955 cuando aviones de la Fuerza Aérea y la Marina bombardearon la zona de Plaza de Mayo y la mismísima casa de gobierno con la intención de dar muerte al presidente Juan Domingo Perón. A los destrozos provocados por la intentona, hay que sumar un saldo muchísimo más lamentable: 700 muertos y más de 300 heridos. Aun hoy pueden verse sobre los mármoles de la fachada del Ministerio de Economía (que descansa sobre la calle Hipólito Yrigoyen) las marcas de los proyectiles disparados por los aviones. Meses más tarde volvieron a intentar derrocar al gobierno constitucional, esta vez con éxito.
Marcas de disparos sobre la pared del Ministerio de Economía.
En 1957, el gobierno de facto crea por decreto el Museo de la Casa de Gobierno, en el que seguramente no habría expuestos elementos del gobierno peronista, que desde el golpe de Estado (y durante décadas) pasó a ser un tema prohibido: la proscripción política del Partido Justicialista se mantuvo incluso durante los breves períodos democráticos que intentaron hacer pie por aquellos años.
El edificio de la Casa Rosada no sufrió grandes modificaciones a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, aunque sí remodelaciones y mantenimientos, algunos de los cuales pueden ser criticados (como por ejemplo, la sustitución de vitrales de las puertas internas para colocar acondicionadores de aire).
En la década de 1990, tras las numerosas protestas contra el gobierno de Carlos Menem, se cercó el edificio con un vallado que suele utilizar la policía durante las manifestaciones. La sucesión de marchas llegó a ser tal, que la división entre la Casa Rosada y todo lo que la rodeaba se tornó inamovible. Luego de los incidentes de 2001 (que terminaron con la renuncia de Fernando De la Rúa), se adelantó el vallado hasta la mitad de la Plaza de Mayo, donde aún hoy permanece.
Durante al administración de Néstor Kirchner, se colocó un enrejado que circundó toda la Casa Rosada y también se cerró el Parque Colón, el cual quedó incluido dentro del perímetro de la sede gubernamental. Sobre la que fuera la calle Balcarce, y que quedó elidida por la ampliación del perímetro, se colocaron fuentes rectangulares.
Como parte de los festejos del Bicentenario (2010), se agregaron luces LED para iluminar y acentuar el característico color rosa de las paredes. Además, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró un reloj sobre el “arco de triunfo”, que si bien estaba en los planos originales de Tamburini, nunca se lo había emplazado (lo que sucedió fue que el arquitecto había cambiado el plan mientras trabajaba porque decidió hacer más alto el arco, ya que -según sostenía- la eliminación de la recova que dividía la Plaza de Mayo achataba el edificio, que debía sobresalir). También se le agregó un escudo enorme con el logo del Bicentenario que se ilumina, y que desentona con todo el conjunto. Una modificación importante se realizó en el Museo que tras algunas refacciones se transformó en el Museo del Bicentenario.
Mezcla rara de estilos arquitectónicos ideados por profesionales de diferentes nacionalidades, la Casa Rosada ha reunido durante su historia cicatrices de todos los colores, debido al desprolijo crecimiento que iba teniendo, a las marchas y contramarchas, y a las improvisaciones que se sucedieron a lo largo de los años, no exentas de episodios de suma violencia. Casi un paradójico reflejo de la evolución política nacional.
Planos originales de Tambuniri.

Vista del lado este, con la nueva construcción
 del Museo del Bicentenario.
La Casa Rosada hoy, iluminada por LED y
 el escudo del Bicentenario.